"El partido más votado en Bélgica se presenta a las próximas elecciones
con una propuesta radical: construir un país sin primer ministro, sin
servicio diplomático propio ni seguridad social común.
La oferta es
rompedora, pero no rupturista. Porque los nacionalistas flamencos de la
N-VA, la primera fuerza del país, han aparcado su defensa de la
independencia para emplearse en batallas más prácticas.
Conscientes de
que la población no respaldaría ese giro y temerosos ante la
incertidumbre que generaría cuestionar el encaje en la UE,
los independentistas flamencos dejan a un lado el primer punto de sus
estatutos, la independencia, y abogan por ampliar al máximo sus
competencias dentro de una Bélgica federal. (...)
Así que el nacionalismo está enraizado en la cotidianidad del país.
Pero las fricciones entre pueblos han emprendido un camino opuesto al
español. El principal partido nacionalista ha evolucionado desde un
enfoque más independentista hacia otro económico (incluso populista, con
medidas antiinmigración esgrimidas como defensa de la identidad
flamenca). En España, en cambio, las formaciones nacionalistas catalanas
han pasado de reivindicar cuestiones concretas de corte económico a
abrazar la quimera de la independencia.
“Nuestra gran línea estratégica es: no vamos hacia una revolución,
sino hacia una evolución. Sabemos que aquí no hay una mayoría favorable a
la independencia. Y con una Europa que no sabemos cómo va a
evolucionar, optamos por el confederalismo, por dos Estados que trabajan
juntos, con Bruselas como capital”, explica Eric Defoort, uno de los
fundadores del gran partido nacionalista flamenco y ahora presidente de
la Alianza Libre Europea, que acoge a diferentes partidos nacionalistas,
entre ellos Esquerra Republicana de Catalunya.
El sentido del voto belga es difícil de explicar. La N-VA, defensora de
un futuro en solitario para Flandes, la región más rica del país, obtuvo
en las elecciones de 2010 el 17% de los votos, más que ninguna otra
formación.
El otro partido separatista belga, el Vlaams Belang de
extrema derecha, recibió el 8%. Y sin embargo apenas un 20% de la
población se declara partidaria de la independencia, un indicador claro
de que parte de sus votantes no comparten el ideario separatista. (...)
En lugar de la independencia, tanto los nacionalistas como los
democristianos y los liberales flamencos se aferran a un concepto difuso
(y con significados distintos para cada uno de ellos). Se trata del
confederalismo, entendido como un paso adelante en el actual
federalismo. Ese marco les permite mantener alejada una incertidumbre a
la que los nacionalistas flamencos no quieren enfrentarse: la
pertenencia a la UE. (...)
Hay otro elemento fundamental que funciona como pegamento en un país tan
fracturado. Se trata de Bruselas, constituida como región autónoma, sin
encaje directo en Flandes ni en Valonia, y a la que ninguno de los dos
territorios quiere renunciar como capital. La propuesta de los
nacionalistas flamencos es bastante incómoda para este territorio: crear
una seguridad social flamenca, otra valona y pedir a los bruselenses
que se decidan por una u otra identidad.
La idea recibió un alud de
críticas, entre ellas, las de los liberales francófonos. “Es lamentable
constatar que la N-VA rechaza la verdadera opción bruselense, construir
una región completa, libre de gestionarse a sí misma y de trabajar por
prioridades como el empleo”, aseguró Vincent de Wolf a la prensa belga." (El País, 06/02/2014)
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