"(...) Los condados que Guifré el Pelós deja en herencia a sus hijos en el
897 eran unas demarcaciones feudales independientes de las que no se
puede decir que constituían la nación catalana.
Posteriormente, algunos
de estos condados se rompen y surgen nuevas diócesis que acentúan su
independencia en relación al Condado de Barcelona. Un detalle: el conde
Borrell, al romper el lazo de fidelidad con Hugo Capeto, se autodenomina
Duque y Marqués de Iberia y Duque de Iberia y de la España Citerior.
A
pesar de las evidencias, el mito de una Cataluña nación durante los
siglos IX y X continúa vivo. ¿Quizá en 1988 no se celebró el Milenario
del Nacimiento Político de Cataluña? Pero, ¿acaso es políticamente
independiente la Cataluña medieval? No es lícito aplicar conceptos del
presente -la independencia política, por ejemplo- al pasado.
No se puede
hablar de autogobierno en una época en que gobernaba -como podía- una
monarquía absoluta. Y tampoco se puede hablar de la democrática Cataluña
medieval cuando, como señala John Elliott, en toda Cataluña -una
sociedad estamental- solo 90 individuos podían aspirar a las tres plazas
de diputados, junto a 34 clérigos y 137 nobles.
Vale decir que la
resistencia a la monarquía no se hacía en defensa de las libertades
nacionales de Cataluña, sino en nombre de unos determinados privilegios e
intereses feudales amenazados por la monarquía. (...)" (Miquel Porta Perales, Crónica Global, Jueves, 12 de diciembre de 2013)
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