"¿Cuando empezó la degradación de la clase política catalana? Es
difícil decirlo. Yo empecé a sospecharlo cuando la entonces presidenta
del Parlament, Núria de Gispert, salió disfrazada de hada madrina nada
menos que en la contraportada de El País. A su edad y con su cargo.
Porque no era un don nadie. Doña nadie en este
caso. El presidente o presidenta del Parlament es el segundo cargo
institucional de Catalunya. Y el segundo mejor retribuido tras el de
presidente.
Núria de Gispert tampoco era una recién llegada. Había sido la
persona de confianza de Jordi Pujol en Unió. Fue consejera de Justicia,
de Gobernación e incluso superconsejera de Justicia e Interior. El otro día todavía fue al homenaje que le hicieron al expresident.
Ahora anda un poco excitada en twitter recomendando a Inés Arrimadas
-jefa de la oposición en la institución que ella misma presidió- que se
vuelva a su tierra natal. No imagino a ninguno de sus predecesores en el
cargo -Heribert Barrera, Coll i Alentorn, Joaquim Xicoy, Joan Reventós o
incluso Joan Rigol- haciendo algo semejante.
La cosa, en todo caso, empezó a flaquear con Ernest Benach. Guardo
como una reliquia el currículum oficial tras su reelección en el 2006.
De las casi dos páginas, la actividad laboral al margen de la política
-aunque en el sector público- eran dos líneas: “En 1979 entró a trabajar
en la Dirección General de Transportes de la Generalitat y al cabo de
unos años pasó a la de Juventud”.
Para acabar de rellenar la biografía oficial tuvo que echar mano de
lo que definió como “ámbito asociativo”: había sido jefe de un agrupament escolta y cap de colla durante dos años dels Xiquets de Reus.
Desde entonces la situación no ha hecho más que empeorar. Pujol puso
Mas a dedo -como hace el PRI en México- y creo que ahora sabemos el
motivo vistas las acusaciones de presunta corrupción que pesan sobre la
otrora tan importante familia.
Después Mas puso a Puigdemont y así sucesivamente. Éste puso a Torra
por el mismo procedimiento. Por eso el nivel no ha parado de bajar. Es
una de las leyes de la supervivencia política: poner uno que no te pueda
hacer sombra.
Tanto criticar a Rajoy y se ha ido como un señor. ¡Ni siquiera ha
ungido a Soraya de sucesora!. Aunque, por si fuera poco, Puigdemont
inventó una variante. Como en el ajedrez: la variante Ballesta. Se
trataba de poner el 19º de la lista de sucesor por Girona previa
renuncia de todos los anteriores.
Demostró ya un notable olfato para la selección de personal: Albert
Ballesta tampoco se caracterizó por el instinto político ni por los
reflejos. Lo primero que hizo fue olvidarse de prometer el cargo. ¡Y eso
que había de secretario municipal!. Tuvo que repetir el juramento para
que tuviera validez legal. Lo segundo fue pedir aumento de sueldo.
Aunque parece que con Quim Torra hemos tocado fondo. Y no han pasado
ni los cien días. De entrada, el cargo le tocó en una rifa. Como le
hubiera podido corresponder a Elsa Artadi o a Eduard Pujol pese a que
éste último cotiza a la baja. Yo creo que se decantó por él porque era
el único que no podía hacerle sombra.
En las últimas 48 horas ha dado muestras suficientes de su idoneidad
para responsabilidad tan elevada: primero, estando casi una semana
mareando la perdiz sobre si iba o no a la inauguración de los Juegos del
Mediterráneo. Como esos adolescentes que deshojan la margarita: ahora
sí, ahora no. Al final para llegar a la conclusión que Tarragona es
catalana.
Sin olvidar que, para ello, ha tenido que ir antes Berlín.
Puigdemont, en esto, ha querido recordar que lo puso él y que todavía
pinta algo. ¿Tanto presumir de gobernar por Skype y no podían haberlo
hecho por teléfono para ahorrarse el tràngol?.
¿Ustedes han visto nunca un presidente de la Generalitat viajando al
extranjero para recibir instrucciones?. El presidente recibe en Palau.
Tarradellas debe estar removiéndose en la tumba.
Finalmente ha asisitido -contradecidiendo el propio Puigdemont, como
con la moción de censura- pero antes ha pasado por la protesta de la ANC
para que no le puedan acusar de falta de patriotismo. Debe ser el
primer caso de un president que primero protesta contra el jefe del
Estado y luego va a la inauguración presidida por el mismo jefe del
Estado contra el que protestaba. Estamos zumbados.
Si una sociedad como la catalana que -con estado o sin- pensábamos
que era avanzada, culta y madura sólo puede generar este nivel de
liderazgo político casi es para decir aquello de apaga y vámonos. Es
para echarse a llorar. Hasta Pujol, corrupto o no, debe decir: ¿Dios
mío, qué hemos hecho?" (Xavier Rius, director de e-notícies, 22/06/18)
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