19/1/18

La clase de socialismo descentralizado y comunitario que Corbyn abandera podría ser el inicio de un reconfiguración del poder territorial contra el hipercentralismo británico y el poder absoluto de la megalópolis de Londres

"(...) Uno de cada cuatro escoceses que apoyaron la independencia en el referéndum de 2014 votó después, en las últimas elecciones generales de junio, a Jeremy Corbyn, el líder laborista más de izquierdas de la historia. (...)

Ese 25% explica el hecho de que, mientras el voto a los independentistas del Partido Nacionalista Escocés (SNP) caía en las elecciones de junio, el porcentaje de escoceses que apoyan la independencia se mantiene  más o menos igual que en el año del referéndum, en torno al 45%. 

Muchos escoceses apoyan la independencia como un objetivo estratégico a medio plazo, pero no quieren una repetición del referéndum de forma inmediata  –la economía escocesa no está preparada– y votaron sabiamente contra los nacionalistas de Nicola Sturgeon porque, tras el voto del Brexit, la ministra principal de Escocia había anunciado su intención de convocar otra consulta.  (...)

Estuve en Escocia poco después de las elecciones de junio y mi amigo Scott Hames, historiador de cultura de la Universidad de Stirling, me explicó cómo él y otros independentistas de la izquierda escocesa habían decidido que lo más urgente en el Reino Unido era intentar  derrocar al gobierno conservador que está causando estragos en  la sociedad escocesa (en la inglesa, galesa y norirlandesa, también).

La alternativa socialista de transformación social, planificación económica y combate fiscal a la desigualdad (tanto en el área de clase social como territorial), personificada  por  Corbyn, convenció a muchos independentistas escoceses de que hay una alternativa atractiva para iniciar la restauración de  la democracia real en Escocia.

 Uno de los caldos de cultivo del separatismo escocés es el hecho de que Escocia haya sido gobernada por los conservadores en Westminster durante la mayor parte de las tres últimas décadas, pese a que, desde los tiempos de Margaret Thatcher, los tories  han sido un partido odiado por la gran mayoría de los escoceses. Los laboristas escoceses habían sido castigados en Escocia en años anteriores por  su apoyo a la unión y a Westminster.


Pero Corbyn logró cambiar la percepción de uno de cada cuatro independentistas respecto a la posibilidad de que Westminster sea un vehículo de cambio constitucional, y quizas un medio para facilitar, si los escoceses así lo desean, el desmantelamiento del Reino Unido en su configuración actual, y su sustitución por algo mejor preparado para la transformación social que Corbyn y el nuevo partido laborista (con 700.000 afiliados, el más grande de Europa) pretende poner en marcha.

Es más, esos independentistas escoceses corbynistas tal vez dedujeron que  la clase de socialismo descentralizado y comunitario que Corbyn abandera podría ser el inicio de un reconfiguración del poder territorial contra el hipercentralismo del estado británico y el poder absoluto de la megalópolis del mercado global en Londres, que permitiría que los escoceses lograsen a medio plazo una mayor soberanía.

En algún momento seguramente habrá otro referéndum y los escoceses volverán a ejercer su derecho a decidir. Pero muchos independentistas en Escocia decidieron que es urgente y necesario un gobierno laborista en Londres. Aunque el SNP de Sturgeon es un partido claramente de izquierdas y muy próximo a Corbyn en muchas áreas, hay que obtener el poder en Londres para empezar el cambio en Escocia.


Según Scott Hames, “lo que pasó en Escocia en las elecciones fue que muchos ex votantes de los nacionalistas, que son de izquierdas, se dejaron seducir por la campaña de Corbyn, entre ellos muchos jóvenes”. “Hay un voto estable proindependencia, pero ese voto se aleja de los partidos que son abiertamente independentistas”, añade. “Yo voté a Corbyn cuando antes había votado al SNP (y mi mujer  no me lo perdona)”, bromea Hames.

 Lo cierto es que, después del sorprendente éxito  de Corbyn, que ya lidera los sondeos británicos, se palpaba un optimismo en la izquierda del movimiento independentista escocés. “Yo me siento mucho más contento ahora que cuando Nicola Sturgeon vendía la idea de  que Escocia sería el buen europeo en Bruselas”, dijo Robin Mcalpine, de Commonweal, uno de los grupos independentistas que defiende una república escocesa de izquierdas.

 “Mucha gente sigue convencida por la campaña en favor de la independencia y aún defienden una Escocia independiente pero no quieren un referéndum ahora mismo; y si Corbyn pudiera elaborar alguna visión federalista para la unión podría recuperar más votos que los laboristas perdieron  en la década de Blair”, explica Hames. (...)"               (Andy Robinson, CTXT, 26/12/17)

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