"El exdirigente de CiU Antoni Fernández Teixidó -exsuperconsejero
de Trabajo, Industria, Comercio y Turismo en el último gobierno de
Jordi Pujol- puso el dedo en la llaga el pasado 16 de diciembre. Ese día
publicó un artículo en La Vanguardia
en el que afirmaba que “me sorprende la tenaz resiliencia del voto
independentista” después de que Junts pel Sí y la CUP hayan “conducido
el país al precipicio”.
Tenía parte de razón: Los dirigentes soberanistas nos mintieron. Anna
Simó reconoció después que “la vía unilateral es imposible”, Joan Tardà
que no había mayoría social suficiente, Sergi Sabrià -como Clara
Ponsatí- que “no estaban peparados”, Forcadell que la República era
“simbólica” y Comín que preferían hablar de las cosas buenas del proceso
para ocultar las malas. Hasta Puigdemont, ya en el exilio dorado de Bruselas, admitió que quizá había “otra solución” a la independencia.
¿Para qué votar entonces a unos dirigentes que nos engañaron? Todavía
peor: casi anunciaron que nos volverían a engañar. Las elecciones del
21-D no eran para poner en marcha la República Catalana -ni siquiera se
atrevieron a arriar la bandera española de Palau- sino para sacar los
presos de la cárcel, recuperar las instituciones, el retorno de los
exiliados. Parecía una vuelta al pasado. Al tardofranquismo o a los
primeros años de la Transición.
Yo creo que por eso Marta Rovira lanzó la polémica de los muertos.
Para cortar, de raíz, la flagelación en público. Se lo habían ordenado
desde Estremera. Tampoco se ha hecho dos cosas que suelen hacerse en
cada campaña: hacer balance de la obra gobierno y exponer el programa
electoral. ¿Para qué?. Puigdemont explicó un día de sus proyectos
digitales -sospecho que es de lo único que entiende- e Iceta hizo
algunas propuestas sobre políticas sociales o sobre la Agencia
Tributaria. Así le ha ido.
¿Entonces por qué han ganado? Sospecho que por dos razones: la
primera porque el soberanismo ha sido hábil reconstruyendo el relato. La
culpa del 155 no la han tenido ellos sino Mariano Rajoy y el pérfido
Estado español, que no dialoga. Y eso que Rajoy lo aplicó cuando no
tuvo más remedio: cuando Puigdemont evitó convocar elecciones y
proclamó, entonces sí, la República.
En el debate de TV3, Jordi Turull aprovechó la ocasión para culpar a
Miquel Iceta. El dirigente socialista reaccionó airado lo que
significaba que estaba también a la defensiva. Aunque Iceta está más
guapo cuando se enfada. Ya he dicho que, a su campaña, le ha faltado un
poco de mala leche. Demasiado bueno rollo. En plan presidencial. Los
partidos unionistas, en este campo, han ido con complejos.
Ni que decir que, en la reconstrucción del relato, TV3 y Catalunya
Ràdio han jugado a favor. Sus profesionales arriesgaban las lentejas, el
pan de sus hijos o hasta las paellas en Cadaqués. Ahora han respirado
aliviados. Están a salvo cuatro años más. Cuando alguien quiera hacer
las reformas que la cadena necesita con urgencia será ya financieramente
inviable. Tiempo al tiempo.
Ya hace mucho también que una parte del gremio periodístico en
Catalunya ha decidido que, entre la profesión y el país, hay que
anteponer el país. En cambio otros -una posición muy minoritaria-
consideramos que los periodistas hemos de contar lo que vemos, no lo que
nos gustaría ver. (...)
Supongo que, a estas alturas, Pedro Sánchez debe estar
arrepintiéndose de no haber intervenido TV3. Como buen progresista,
debía temer que lo acusaran de atentar contra la libertad de expresión.
Cuando lo que había que garantizar era precisamente eso: el derecho a la
libertad de información. Sobre todo de los ciudadanos. Otro gallo
cantaría.
La gente acostumbra a votar pensando en la cabeza, con el corazón o
en el bolsillo. Apelar a la épica les ha dado al final buen resultado.
Han conseguido tocar la fibra sensibles: la de los sentimientos. Es una
forma tan legítima como cualquier otra. O incluso más. Lo importante en
este caso no es participar sino ganar las elecciones.
Pero no sé si Catalunya tiene remedio. ¿Si el soberanismo no sufre
desgaste electoral a pesar de los errores cometidos -que a estas alturas
admiten hasta ellos- cuando lo hará?. Quizá los propios dirigentes del procés
son conscientes de que más vale no tirar tanto de la cuerda. Piensan
más en una salida negociada a sus problemas judiciales que en declarar
la DUI.
En cierta manera es la burbuja perfecta: bajo unas prácticas
democráticas, unos medios de comunicación a medida y una ley electoral
que favorece más al gobierno que a la oposició se hace muy difícil la
alternancia. En el fondo están gobernando los mismos desde hace casi
cuarenta años aunque hayan cambiado a veces de siglas y votemos cada
cuatro años. Felicidades." (Xavier Rius, e-notícies, 23/12/17)
No hay comentarios:
Publicar un comentario