"Josep Borrell (Puebla de Segur, 1947) es expresidente del Parlamento
Europeo y exministro socialista de Obras Públicas. Este miércoles ha
presentado el libro Escucha, Cataluña, Escucha, España en el
Centro Cultural Catalán Blanquerna de Madrid junto a los otros
coautores: el exministro de Asuntos Exteriores del PP Josep Piqué; el
catedrático en Derecho Constitucional, Francesc de Carreras; y el
notario Juan José López Burniol. (...)
-- En el libro usted define el referéndum como un ejercicio de
irresponsabilidad colectivo para mantener la tensión. ¿No hay nada más?
-- Los referéndums son una cosa muy seria, que se utilizan
después de un proceso con garantías democráticas, y este no es el caso.
No es un procedimiento que cumpla con los requisitos que establecen
ninguna de las normas a las que se apela: las resoluciones de las
Naciones Unidas o de la Comisión de Venecia las utilizan para mantener
la tensión y como un argumento más para demostrar que el Estado español
no respeta democráticamente Cataluña. Para reafirmar el discurso
nacionalista. Pero el referéndum en estas condiciones no sirve para
nada.
-- ¿Cree que se debe impedir el referéndum?
(...) -- Solo sé que el Gobierno ha dicho que no se celebrará y supongo que
tiene pensado de qué manera impedirlo. En todo caso lo que hay que hacer
es no participar. Los ciudadanos conscientes no deberían participar, y
eso es lo que yo voy a defender, y también el PSC y los partidos
constitucionales.
Este no es un acto que tenga garantías democráticas y
si el Tribunal Constitucional declara que no es acorde con la
Constitución pues no hay que participar en un acto así. No servirá para
nada. El Gobierno no sé qué hará, pero sí sé lo que deben hacer los
ciudadanos, que es no participar.
-- El éxito del procés también ha sido apelar a las emociones. En este libro no se apela a un sentimiento de pertenencia común a España.
-- Hay gente que tiene muy emocionalmente asumida la
independencia y será insensible a cualquier razonamiento y le dará igual
que los argumentos independentistas sean falsos. Pero luego habrá otra
gente que sí será sensible a la razón. Partir de la base de que nadie va
a escuchar ninguna razón significaría aceptar que vivimos en un
universo invivible, donde la racionalidad no cuenta. Para algunos no
cuenta, pero para otros esperamos que sí. Es verdad que vivimos en la
época posfactual, donde los hechos no cuentan mucho.
El otro día me
decía un politólogo americano que el éxito de Trump se puede resumir en
aquello de este señor miente, lo sé, pero estoy de acuerdo con esa
mentira. Pues sí, hay gente que le da igual que le digas que Junqueras
miente. Entonces, no hay nada que hacer. Pero para alguna gente sí tiene
sentido y valor conocer la realidad de las cosas, y las ventajas y los
inconvenientes de la realidad que se plantea.
-- En el libro también plantea que el problema es entre catalanes. Más allá del reduccionismo entre Cataluña y España.
-- La sociedad catalana está dividida en dos, aunque los
independentistas lo nieguen y apelen a un solo pueblo no es verdad. La
sociedad catalana está dividida en dos, partida por la mitad, rajada en
vivo por esta cuestión. Un 45% es muy activo. Los independentistas no
son mayoría pero son muy activos, pero hay otra mitad que nunca se ha
mostrado a favor de la independencia. En las elecciones que calificaron
de plebiscitarias se vió.
El 52% no votó a favor de la independencia.
Además, geográficamente también estamos divididos. Si toda Cataluña
fuera como la Cataluña interior, donde vive muy poca gente,
probablemente el independentismo sería mayoritario. Pero en la Cataluña
metropolitana la mayoría de la población no es independentista, pero
hace menos ruido. (...)
-- Pues volviendo al libro. Usted sitúa el origen
del conflicto en el proceso de construcción identitaria hecho por Pujol,
y no tanto en el argumento recurrente de la sentencia del
Constitucional sobre el Estatut.
-- La sentencia del Estatut es un hecho puntual, que forma
parte de un proceso largo y continuo. Empieza conscientemente Pujol
desde el primer momento que se sentó en el Palau de la Generalitat.
Tenía muy claro que su objetivo final era el que era, pero no podía
decirlo, pero suponían las bases para que se llegara a él. (...)" (Entrevista a Josep Borrell, Laura Fábregas, Crónica Global, 07/09/17)
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