24/1/17

El único modo de evitar la extinción de la raza catalana era su cruce con los emigrantes llegados de otras zonas de España, a pesar de la posibilidad de la constitución de un tipo de hombre de cualidades raciales inferiores


"(...) tras el inicial desprecio hacia los demás españoles, especialmente los meridionales, con el que arrancó un catalanismo que se reivindicaba modernamente germánico frente al semítico atraso español, en tiempos posteriores llegaría el proyecto de nacionalistizar a los recién llegados para así aumentar el peso social y electoral del separatismo.

Una de las obsesiones de los catalanistas de hace un siglo fue la constatación de que la natalidad de los catalanes de pura cepa era insuficiente para garantizar el relevo generacional. Ello se debía, según Hermenegild Puig i Sais, a la excesiva afición de los catalanes a hacerse pajas. 

Por eso Companys promovió la publicación en 1934 del manifiesto Per la preservació de la raça catalana, avalado por firmas como la del antionanista Puig i Sais y el nacional-lingüista Pompeu Fabra.

 En él declaraban el interés por no estar desprevenidos ante las posibles consecuencias de la inmigración forastera. Y para “colaborar en esta tarea humanitaria y patriótica” los firmantes proponían la creación de una Societat Catalana d’Eugènica, cuyo secretario general fue el principal redactor de dicho manifiesto, Josep Antoni Vandellós.

Un año más tarde Vandellós publicaría Catalunya, poble decadent, uno de los textos esenciales del catalanismo demográfico. En él sostuvo que el único modo de evitar la extinción de la raza catalana era, lamentablemente, su cruce con los emigrantes llegados de otras zonas de España para trabajar en la industria local, aun a pesar de la posibilidad de la constitución de
un tipo de hombre de cualidades raciales inferiores a causa de la asimilación de los elementos de la inmigración.
Pero hasta para la coyunda hay clases, pues aunque consideraba a los aragoneses un poco brutos,
lo que se pueda perder en agilidad mental se gana en tenacidad. El verdadero problema lo constituyen los sur-levantinos.
Efectivamente, los murcianos emigrados a Cataluña en los años 30 fueron los principales destinatarios del odio de los catalanistas de aquella generación. El joven periodista Carles Sentís, posteriormente llamado a altos destinos en el régimen franquista, publicó en 1932, en el periódico Mirador del diputado esquerrista Amadeu Hurtado, una serie de artículos titulada Múrcia, exportadora d’homes.

 En ellos relató el viaje en los autobuses transmiserianos, desde las localidades más pobres de aquella provincia hasta la próspera Barcelona, de riadas de murcianos portadores de miseria, enfermedades (en concreto, tracoma), comunismo y terrorismo. (...)

Otros periódicos catalanistas se hicieron eco de los artículos de Sentís, como El Be Negre, que encabezó su número del 17 de enero de 1933 con un recuadro que rezaba: “ESPAÑA, PARA LOS ESPAÑOLES. CATALUÑA, PARA LOS MURCIANOS”

Y junto a una viñeta mostrando turbas de murcianos deformes descendiendo de los autobuses transmiserianos, se comentaba que murcianos y andaluces, procedentes de “la zona de África”, llegaban a Cataluña para implantar en ella el comunismo libertario y hacerla desaparecer:
La que se nos prepara. Por confidencias que nos cuidaremos mucho de traicionar, han llegado a nuestras manos todos los detalles de la próxima revolución que se prepara, la buena, la de verdad. Se trata, pura y simplemente, de quitar el nombre de Cataluña del mapa y enganchar a nuestro país, mediante una especie de corredor moral, con la próspera región murciana, cuyo nombre llevará de aquí en adelante. Los primeros actos de la revolución triunfante serán proclamar el comunismo libertario y exigir el tracoma obligatorio a todos los ciudadanos del país liberado. (...)"            (Jesús Lainz, Libertad Digital, en Fundación para la Libertad)

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