22/12/15

Barcelona en Comú ha sido probablemente la única propuesta de izquierdas que en los últimos años ha consiguido salirse del tablero soberanista. Si falla, el cinturón choni volverá a quedar huérfano de proyecto político propio, y acabará en las manos de Ciudadanos

"(...) Muchos jóvenes de barrio, por tanto, han crecido escuchando como sus padres o abuelos lucharon por los derechos democráticos y nacionales de Catalunya en el PSUC o en la Asamblea de Catalunya, pero después de casi tres décadas de hegemonía del catalanismo conservador, la mayoría de ellos son indiferentes e incluso hostiles hacia el movimiento nacionalista.

Lo que pasó en este tiempo es que nuestro particular bipartidismo –CiU en autonómicas, PSC en estatales– promovió una cierta imagen de la cultura catalana a través de los medios de comunicación y la maquinaria institucional y a golpe de talonario. Nuestra versión de la Cultura de la Transición definió lo catalán dejando fuera a muchos que no se sentirán representados en ella o que simplemente no serán llamados a elaborarla.

 En ese tiempo, buena parte de las periferias, con un movimiento obrero en descomposición, se adhirieron al proyecto catalanista light del PSC, legitimado por unas mejoras urbanas que los barrios vivieron como conquistas propias. 

Pero la construcción de escaleras mecánicas y parques se queda en poquita cosa frente a una segregación con profundas raíces socio-económicas. No es extraño así que en muchas de estas zonas haya anidado también una desconexión “emocional” respecto a la construcción nacional del país.

Las nuevas generaciones demuestran el fracaso del catalanismo de izquierdas con una parte muy significativa de la clase obrera que no se siente parte de la “sociedad civil catalana”. 

Gentes que no encajan en la imagen idílica de una Catalunya inventada de la que los nacidos en Murcia o Huesca están excluidos, material y simbólicamente y que se confrontan cotidianamente con un clasismo basado en la lengua, la cultura y el lugar de nacimiento –la desigualdad educativa tendrá un papel destacado en esto–.

 Lo de “un sol poble” no es más que un relato que no se puede cuestionar pero apenas sirve para atrapar algo nuestra realidad.

Las bases de Podemos
 
Cuando surgió Podemos hace ya un año y medio generó en barrios populares una ilusión que no se había visto desde la Transición, y lo que es más importante, también capacidad de movilización. 

Cientos de círculos surgieron en muchos rincones de la periferia metropolitana de Barcelona, pero también en el Baix Llobregat, en Tarragona, en las afueras de Badalona, en el Vallés, muchas veces, en los barrios más castigados.

La gran oportunidad que representaba Podemos era la de contribuir a organizar a un segmento social que casi nunca había militado con anterioridad –con algunas excepciones como en la PAH o en algunas zonas como Nou Barris donde participan en luchas barriales–. 

Un estrato sociológico que no puede suscribir el independentismo porque históricamente no se identifica con la cultura oficial que sostiene a a las clases medias y de la que se sienten excluidos.

Pero este espacio político de Podemos nunca se llegó a probar. Ese que era no catalanista, de defensa de los derechos sociales y la democracia radical –que incluye referéndum– pero también un claro no a la independencia. O al menos con el reconocimiento explícito de que la independencia no es la prioridad, sino que lo es la mejora de las condiciones de vida. 

Las confluencias cerraron la puerta a la posibilidad de explorar este hueco, la izquierda catalana tiene demasiadas piedras en la mochila –entre ellas su propia pertenencia a la clase media catalanista– para atreverse a llenar ese espacio que existe y que está ocupando en gran medida Ciudadanos.

En Comú Podem recoge ahora el testigo. Barcelona en Comú ha sido probablemente la única propuesta de izquierdas que en los últimos años ha consiguido salirse del tablero soberanista y situar delante otras prioridades. 

¿Será capaz de evitar ahora la tentación “catalanizadora” hacia esas clases populares que quieren igualdad y derechos y no “integración cultural”? ¿Podrá conservar las bases de Podemos al tiempo que se lanza a por el electorado de clase media?

 Está por ver si sabrán valorar y acompañar la enorme oportunidad que representa poder contribuir a organizar a ese segmento social, porque de ello no sólo dependen los resultados electorales, sino la capacidad de incidencia de este nuevo proyecto político. (...)

Si fallamos, el cinturón choni volverá a quedar huérfano de proyecto político propio, y acabará en las manos de Ciudadanos.(...)"        (Nuria Alabao  , Público.es, en Rebelión, 17/12/15, Publicado en catalán en Sentit Crític)

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