29/10/14

Las constituciones modernas acostumbran a dejar un número substancial de temas fuera del alcance de la simple regla de la mayoría... para evitar que una mayoría enfurecida penalice a los perdedores

"Si hay algo que me pone de los nervios del debate sobre la referensulta catalana es la insistencia en el argumento que en una democracia lo único que realmente importa es votar.  (...)

Es un argumento directo y en apariencia lógico, pero es peligrosamente simplista. Las votaciones y el gobierno de la mayoría son un componente clave de una democracia, pero no son suficientes para que esta sea válida o efectiva. Si queremos que las decisiones sean respetadas y aceptadas por todos los participantes, la democracia no puede ser sólo un ideal, sino también un procedimiento.

La democracia, en su versión más visceral, es la tiranía del número: la voluntad de la mayoría es quien decide qué es ley, y la minoría debe callar y aguantarse. Esto, obviamente, tiene varios peligros potenciales. Primero, y más evidente, una mayoría de la población puede decidir que una de sus minorías debe ser maltratada de un modo u otro. (...)

Para evitar que esto suceda las constituciones modernas acostumbran a dejar un número substancial de temas fuera del alcance de la simple regla de la mayoría. Cosas como el derecho a voto, igualdad ante la ley, libertad de asociación y demás derechos fundamentales están protegidos bajos reglas de mayoría reforzada para evitar que una mayoría enfurecida penalice a los perdedores de unas elecciones hasta el punto de hacer imposible su participación política.

 Estas salvaguardas son claves para asegurarse que la democracia es un sistema viable a largo plazo, evitando que las minorías vean sus derechos vulnerados.

El segundo punto a tener en cuenta es la posibilidad que existan minorías permanentes. Dentro de una democracia puede haber un grupo social que tiene preferencias políticas que nunca tendrán suficiente apoyo como para ganar elecciones, hasta el punto de ver como sus ideas nunca serán viables. 

Los habitantes de una región, por ejemplo  (...) pueden estar a favor de la poligamia debido a sus creencias religiosas. La simple votación democrática, en estos casos, es insuficiente para dar una respuesta satisfactoria a largo plazo, especialmente si alguna de las preferencias de la minoría son vistas como una vulneración de los derechos fundamentales por parte de la mayoría.

 El debate actual en Estados Unidos sobre el matrimonio homosexual es fascinante en estos dos aspectos: muchos estados lo ilegalizaron en votación (algunos incluso vía enmienda constitucional) pero los tribunales federales han establecido que esta prohibición es inconstitucional y vulnera el derecho a la igualdad.

 Tenemos, por tanto, mayorías estatales, en ocasiones muy amplias, votando restringir derechos a minorías dentro de su territorio, pero que acaban perdiendo sin votación democrática alguna a favor de una mayoría nacional que acepta el matrimonio gay.  (...)

En Cataluña, en un orden de cosas distinto, estamos viendo un debate similar. Tenemos una minoría catalana que cree que la mayoría española está constantemente restringiendo y atacando sus derechos, y que se ve incapaz de ganar una mayoría suficiente como para revertir esta tendencia (1). 

La reacción de esa minoría es apelar a los resultados de la democracia dentro de su territorio, alegando que dentro de Cataluña hay una mayoría de ciudadanos que quieren dejar de seguir perdiendo. Por supuesto, esta apelación los derechos fundamentales de los catalanes que quieren independizarse se repetiría una vez hubiera secesión, con los perdedores en este caso queriendo ser españoles pero siendo minoría perpetua.

 El Tribunal Constitucional, en este caso, puede tumbar una ley aprobada por mayoría en Cataluña por el mismo motivo que el Supremo de los Estados Unidos ha derogado las prohibiciones al matrimonio homosexual:  los derechos  fundamentales de una minoría dentro de Cataluña estarían por encima de los derechos fundamentales de los catalanes como minoría.

El debate catalán no es sobre el derecho a decidir, ni sobre si el pueblo catalán es un sujeto soberano o no. El debate es sobre bajo qué circunstancias una minoría de perdedores perpetuos puede pedir a la mayoría que renuncie a aceptar lo que esta ha decidido de forma colectiva que es un derecho indiscutible fuera del debate político.

 En este caso, el debate versa sobre  el derecho a vivir en territorio español sin que nadie te mueva la frontera y te deje fuera. Algo válido, ya que una secesión haría que un montón de gente fueran extranjeros en su propia casa.   (...)

La insistencia de los nacionalistas catalanes estos días de votar como sea, cuando sea y sin prestar la más mínima atención a las legítimas objeciones de quienes se oponen a la secesión parece democrática, pero ignora el hecho que una democracia sin derechos no es viable. (...)"                ( , Politikon, 10/10/2014)

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