"(...) Que la inmersión carece de justificación pedagógica es bastante
claro. Si el objetivo fuera que los alumnos dominasen el catalán y el
castellano al acabar sus estudios ¿cómo es posible que la receta para
ello sea la inmersión en catalán tanto para aquellos que tienen como
lengua materna el castellano y se mueven en un entorno fundamentalmente
castellanohablante como para quienes tienen como lengua materna el
catalán y se mueven fundamentalmente en un entorno catalanohablante?
Es
incoherente que la inmersión en catalán sea el método adecuado para
casos tan diferentes. Como digo, las razones que justifiquen la
inmersión no hay que buscarlas en la pedagogía, sino en la política, y
eso tiene que ser expresado de forma directa y clara.
Lo que se pretende
no es el conocimiento de ambas lenguas, y ni siquiera su uso, sino la
asunción de la idea que la lengua que ha de ser utilizada en Cataluña es
el catalán (y de ahí el expreso propósito de potenciar su utilización
también fuera de las horas de clase).
Esto explica también las desmesuradas reacciones a cualquier intento
de aumentar la presencia de la lengua castellana en la enseñanza. No
creo que nadie sensatamente pueda pensar que el hecho de que alguna
asignatura se imparta en castellano (conocimiento del medio, por
ejemplo) pueda afectar al conocimiento del catalán que el alumno
obtendrá al final de sus estudios; pero tal aumento de la presencia del
castellano sería terrible para el auténtico propósito del modelo: la
transmisión de que la única lengua sobre la que ha de articularse la
sociedad catalana es el catalán.
Lo anterior explica el sentido profundo de las otras dos ideas sobre
las que se apoya la defensa de la inmersión: que es un modelo que
favorece la cohesión social y se trata de un modelo de éxito.
Sobre lo
primero nada que objetar si la cohesión social es interpretada en el
sentido que se deriva del planteamiento político que justifica la
inmersión; esto es, cohesión social como asunción por todos los alumnos
de una concepción de Cataluña como comunidad articulada sobre la base de
un idioma común, el catalán, identificada con otras comunidades que
tengan el mismo idioma común y separada de aquellas que no sean de
lengua catalana.
En este sentido la inmersión contribuye a la cohesión
social de una forma determinante, porque facilita la construcción de un
imaginario colectivo que se nutre también de una muy particular
presentación de la historia y de una política cultural que acentúa las
divergencias entre Cataluña y el resto de España.
Si consideramos, en cambio, la relación entre inmersión y cohesión
social en el sentido de que favorezca la igualdad de oportunidades con
independencia del origen social o de la lengua materna del niño
observaremos que la inmersión en nada favorece estos objetivos.
Ningún
indicador o estudio avala que la inmersión favorezca una sociedad más
cohesionada [tal como ha mostrado Mercè Vilarrubias]
y, sin embargo, se encuentra el dato preocupante de que los resultados
de los alumnos que tienen como lengua materna el castellano son peores
que los de aquellos estudiantes que tienen como lengua materna el
catalán [véase el artículo de Sonia Sierra sobre el tema].
Así, en el caso de la competencia en matemáticas las diferencias entre
catalanohablantes y castellanohablantes era de 34 puntos, y si se
"neutralizaban" las diferencias socieconómicas esa diferencia era de 13
puntos [Equitat, excel·lència i eficència educativa a Catalunya,
p. 48] ¿Se puede hablar de cohesión cuando hay una diferencia de
resultados tan significativa derivada de la lengua materna del alumno?
El que en un sistema de inmersión obligatoria en catalán los resultados
sean mejores en los alumnos que tienen el catalán como lengua materna no
debería, sin embargo, sorprender a nadie, ya que existe un amplio
acuerdo en que el estudio en la lengua materna favorece el aprendizaje [así lo declara sin problemas la UNESCO].
En Cataluña, sin embargo, se prefiere renunciar a esta ventaja (la de
que los alumnos utilicen en su aprendizaje la lengua materna) a fin de
conseguir esa "cohesión social" que, como digo, solamente puede
entenderse en una clave puramente política: asunción generalizada de la
idea de que Cataluña es una comunidad articulada en torno a la
utilización del catalán. A este fin se sacrifica lo que podría ser una
mejor formación de los alumnos que tienen como lengua habitual el
castellano.
(...) se trata de un sistema de éxito. Bien, ¿qué hemos de entender por éxito?
De nuevo el éxito tiene que interpretarse en clave política, y no es
otro que el que una parte importante de la población asuma precisamente
esa idea de Cataluña como entidad diferenciada y articulada sobre la
base de un idioma diferente. Desde esta perspectiva el éxito es evidente (...)
Y el éxito se mide no tanto por el número de jóvenes que se declaran
independentistas (aunque es elevado, sin duda) como por la naturalidad
con la que se ha asumido en el último año la inevitabilidad de un
pretendido derecho a decidir colectivamente el futuro político de
Cataluña; asunción que no sería posible si no se hubiera interiorizado
el carácter diferente y separado de la comunidad catalana identificada a
partir de la lengua. Aquí, de nuevo, el papel de la inmersión es
fundamental.
Este es el único éxito de la inmersión, ya que en cuanto a fracaso
escolar Cataluña y en lo que se refiere a las competencias que alcanzan
los estudiantes catalanes los resultados no son excesivamente
halagüeños.
Con datos de 2013,
el abandono escolar en Cataluña se situaba en el 24%, muy por encima
del 8,8% del País Vasco, el 11,8% de Cantabria, el 12,8% de Navarra o,
incluso, el 20,2% de Madrid. ¿Es esto un éxito para el sistema de
inmersión?
En cuanto a los resultados del Informe Pisa,
Cataluña se sitúa hacia la mitad en la tabla de Comunidades Autónomas
españolas, por detrás de varias que tienen una renta per cápita inferior
a la de Cataluña, y por detrás de otras Comunidades Autónomas con
también lengua cooficial (País Vasco y Navarra) ¿Es esto, de nuevo,
prueba del éxito del sistema de inmersión? (...)" (Rafael Arenas García, Crónica Global, Viernes, 20 de junio de 2014)
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