"(...) Repasemos groso modo la secuencia, en fin: unos tipos que
llevan 40 años poniendo bombas, matando por centenas a inocentes,
acosando al que no piensa como ellos y extorsionando al respetable deja
de matar, probablemente porque cada vez le era más difícil y, en ese
instante, ocurre lo siguiente: sus partidos de referencia (por lo
general vasos comunicantes reconocidos) son legalizados, los vascos les
votan en masa sin ningún pudor, los partidos que ponían los muertos son
castigados y, finalmente, hasta los propios terroristas empiezan a ser
excarcelados, pese a tener condenas por miles de años, en cumplimiento
de un fallo del Tribunal ¡de Derechos Humanos! (...)
Es la falta de tacto, comprensión y determinación política para entender la diferencia entre ganar una batalla y lograr una victoria
lo que hace especialmente trágico el panorama, lo que humilla a las
víctimas, lo que extiende la sensación de agravio y lo que hace
prosperar liderazgos periodísticos o mediáticos tan sutiles como un
bocadillo de judías pintas con oreja de cerdo: la adopción de un éxito
parcial como un triunfo total y la concesión absoluta de todos los
privilegios legales que sólo tendrían sentido de haberse sumado al cese
de las armas su entrega, la desaparición de sus siglas, la petición de
perdón y la condena colectiva de la sociedad vasca; obliga a las
víctimas y a quienes las quieren a clamar por la justicia (...)
Todo lo que se ha hecho, desde legalizar Sortu hasta
acatar Estrasburgo, es jurídicamente irreprochable. Pero también lo
hubiera sido lo contrario: mantener en cuarentena a Batasuna (en media
Europa del Este el comunismo de raíz estallinista estuvo prohibido y aún
en Alemania es delito proclamarse nazi), suscribir desde Estrasburgo la
visión del Constitucional, del Supremo y de la Abogacía del Estado y
mantener en prisión a terroristas con 24 cadáveres a sus espaldas
hubiese sido igual de legal y sin duda más decente; que ya está bien que
los paladines del Tribunal europeo den por supuesto que sus detractores
no tenemos los mismos argumentos jurídicos que ellos, al menos la misma
buena intención y, creo yo, un poco más de corazón al menos en esto. (...)
Al día siguiente del fallo de Estrasburgo, los amigos de los etarras se abrazaban felices en la portada del Gara.
Y las familias de los muertos lloraban en el resto de periódicos. Ese
contraste ya es suficiente para detectar el inmenso problema de fondo y
la necesidad de de recalcar, las veces que sea menester, que por mucho
que queramos la paz, no la queremos a cualquier precio. La resistencia
de las víctimas no es una vendetta, sino un recordatorio de que no es lo
mismo conseguir que te perdonen la vida que garantizar que no puedan
quitártela. (...)
Y eso es lo que ocurre a diario en Euskadi: la escena tiene tanto de sexo como esta paz de democracia." (ANTONIO NARANJO, 05/02/14, en Fundación para la Libertad)
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