"Siempre ha sido tabú, pero después de tres meses sin Gobierno, los dirigentes políticos francófonos se plantean por primera vez un futuro sin Bélgica. El choque de trenes entre la izquierda predominante en Valonia, la parte sur y francófona del país, y el nacionalismo separatista de la próspera región de Flandes, al norte, ha dejado al país al borde de la quiebra. Sin embargo, es una quiebra política que los ciudadanos belgas no acaban de creerse, acostumbrados a vivir en un país con más crisis de Gobierno que de periodos de estabilidad institucional. (...)
"Debemos empezar a prepararnos para el fin de Bélgica", aseguró la semana pasada Laurette Onkelinx, viceprimera ministra en funciones y una de las figuras más destacadas del partido. "Si no, seremos los que paguemos el pato, No podemos ignorar que, para una gran parte de la población flamenca, la independencia es un anhelo", añadió.
"Quizás estemos entrando en [el proceso de] la organización progresiva de la separación", reconoció, Philippe Moureaux, otro dirigente de los socialistas valones en Bruselas. "¿Qué responsable francófono aceptaría una reforma que pudiera provocar un empobrecimiento de los valones o los bruselenses?", se preguntó Di Rupo hace diez días, cuando tiró la toalla tras siete semanas de negociaciones con las principales formaciones políticas para reformar el país sin desmantelar el Estado.
"No es nuestra misión encontrar un acuerdo a cualquier precio", amenazó, en clara referencia a los flamencos de la N-VA, el partido mayoritario, y el CD&V, los democristianos nacionalistas flamencos del primer ministro en funciones, Yves Leterme.
Fuera del entorno socialista valón nadie duda de que este paso adelante es sólo una estrategia que sale del hartazgo. En otras palabras: un farol para que la atención recaiga sobre Flandes y las ambiciones de poder de sus dirigentes. Pero escindir Bélgica es incluso más difícil que mantenerla unida, y sólo convence en estos momentos a un 14% de los belgas, según los sondeos.
Incluso De Wever, que dirige la gran formación separatista en Flandes, apeló al "sentido de la responsabilidad", insistiendo en que él no busca una escisión inmediata, sino una "evaporación gradual" del Estado de forma natural. Según la mayoría de los economistas, la escisión sería sobre todo perjudicial para Valonia, una región con menos poderío industrial y más desempleados que Flandes. Por otra parte, Flandes no está dispuesta a prescindir de la francófona Bruselas, capital europea y motor económico imprescindible para ambas regiones." (Público, 13/09/2010)
No hay comentarios:
Publicar un comentario