"El Estado quiere forzar a la gente a que tenga sentimientos patrióticos, pero es imposible, porque son muy personales", afirma Grigorij Meseznikov, presidente del Instituto para los Asuntos Públicos, en una entrevista telefónica desde Bratislava. "Se trata fundamentalmente de una ley antihúngara", añade. Coincide con él Milan Nic, analista de la European Stability Iniciative, un think-tank con sede en Berlín. "Somos un país con muchas minorías, y por eso no ha gustado la ley", afirma desde Bratislava. "Los ultranacionalistas quieren imponer esta ley apelando al miedo que ha traído la crisis global, pero la población se ha dado cuenta de que estas iniciativas sólo traen conflictos", opina.
Detrás del espíritu antihúngaro de la ley yace la idea de que el país está en medio de un peligroso revisionismo histórico. El Ministerio de Educación, cuyo titular es del Partido Nacional Eslovaco, ha arrinconado un proyecto para elaborar un manual de historia común con Hungría, el antiguo imperio, y en su lugar está promoviendo otro centrado sólo en Eslovaquia. Mientras, el Gobierno ha incrementado sustancialmente las subvenciones que recibe Matica Slovenska, una publicación cultural con fuertes tendencias nacionalistas que ha condenado la ejecución en 1947 de Josef Tiso, el sacerdote que presidió el país durante su etapa nazi.
Otro punto de fricción ha sido una ley lingüística aprobada el año pasado que dificulta el uso del húngaro al recalcar la obligatoriedad del idioma oficial, el eslovaco, en la Administración, en los carteles informativos y en los rótulos de los establecimientos." (El País, ed. Galicia, internacional, 06/03/2010, p. 8)
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