21/6/18

Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde: Los nacionalistas catalanes han copiado de los independentistas eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática... como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”

"Le aviso, querido lector, que este libro le va a producir malestar, irritabilidad y desazón. No porque sea un libro mentiroso, o de un estilo pedestre o esté lleno de erratas, sino porque cuenta, con brevedad y ritmo de reportaje periodístico, todos y cada uno de los pasos dados por el separatismo catalán para conseguir la secesión, así como la abulia del Gobierno nacional ante un plan que ha durado años y ha sido anunciado repetidas veces por sus protagonistas.

Su autora, la periodista Sandrine Morel, es corresponsal del diario francés Le Monde en España desde 2010 y ha cubierto todo el ‘procés’. Ha entrevistado a Mariano Rajoy, Artur Mas y Carles Puigdemont, y se ha reunido con directores generales de TV3, asesores de Moncloa, diputados de la CUP, alcaldes, taxistas y manifestantes de las Diadas.

Desde su primera entrevista a Mas, hecha en 2012, le queda claro que los aceleradores del ‘derecho a decidir’ fueron la crisis económica y los recortes aplicados por el Gobierno catalán. Para escapar de la quema y cumplir su deseo de pasar a la historia, Mas optó por cabalgar el tigre de la independencia. Su egoísmo se lo resumió a Morel con estas frases: “España es el Titanic. No se nos puede negar nuestro bote salvavidas”.

A partir de entonces, Morel asistió a un proceso de manipulación de masas diseñado desde el poder. Los mismos políticos que decían en público que en España perviven los modos de la dictadura franquista, les reconocían a ella y a sus colegas que estaban seguros de que no sufrirían represión ni castigos por sus actos, aunque convirtiesen a Cataluña en “Vietnam”, porque, a fin de cuentas, el Estado español es una democracia.

Año tras año, las Diadas se transforman en “espectáculos narcisistas”. El independentismo “habla cada vez menos de dinero y cada vez más de dignidad”. La mentira sale de los libros de texto de las escuelas e infecta la sociedad, como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”.

Uno de los aciertos del nacionalismo es la indefinición de la nueva república. “La independencia es una cáscara vacía en la que cada cual mete sus sueños, sus deseos, imaginando, acertada o equivocadamente, que se harán realidad”; por eso, se adhieren a este movimiento planeado por la burguesía desde los anticapitalistas de la CUP a los jubilados andaluces que quieren aumentar su pensión. 

Aparte de la superioridad cultural y hasta racial, los golpistas inculcan dos ideas fundamentales en su masa: un “espíritu de comunidad” que la moviliza, junto con la certeza de que todo lo que se haga será de balde, que no pasará nada.

Sin embargo, en sus estancias en Cataluña, Morel ha constatado la imparable división social. Los catalanes no separatistas –incluso los que estaban resignados a ser ciudadanos de segunda en su tierra y los que se pretenden cosmopolitas y dicen rechazar todas las banderas– que antes callaban, ahora no lo hacen. 

La aparente unanimidad del ‘poble’ catalán se basaba en el silencio de los que temían ser tachados de ‘malos catalanes’. Pero eso se ha roto.

Vayamos ya a la parte más interesante de En el huracán catalán. Aunque Morel no lo menciona, entre los elementos que incluyó el catalanismo en su plan, se encuentra el modelo esloveno para tratar con los medios de comunicación extranjeros y, a través de ellos, transmitir sus mensajes al mundo.

 En 1988, el Gobierno de la República de Eslovenia, todavía parte de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, empezó a preparar su secesión y entre sus decisiones estuvo la contratación de diversas agencias de comunicación en Europa y Estados Unidos. Además, mimó a los corresponsales que entraron en el país para cubrir, primero, el referéndum ilegal (1990) y, luego, la proclamación de independencia (1991).

Los nacionalistas catalanes han copiado de los eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática. Los periodistas son buscadores de noticias, de declaraciones y de imágenes, y la Generalitat de Mas y Puigdemont montaron una descomunal estructura (pagada con fondos públicos) para facilitárselas. 

Confidencias, despachos abiertos, dossieres, vídeos, listas de Whatsapp…; y en varios idiomas. Este canal lo usaban los conspiradores también para “transmitirnos la imagen más negativa posible del Estado español”. Y al que se salía de la cola, “reprimendas en público a través de Twitter, en los casos de presión más flagrantes”.

La revelación más destacada de Morel es la amenaza que le hizo “un director de comunicación” del PDeCAT en junio de 2017, durante una conversación en la que el apparatchik se sintió “molesto” por el “escepticismo” de la corresponsal sobre el éxito de la consulta del 1 de octubre: “Si compramos dos páginas de publicidad en Le Monde, escribirás lo que tus jefes te digan”. Ante el enfado de Morel, el susodicho trató de disculparse con un “Bueno, así funcionan las cosas aquí”. 

Si los catalanistas tratan así a quienes quieren seducir, ¡cómo tratarán a los ‘malos catalanes’ que se oponen a sus planes!

Todo lo anterior explica que la primera frase del libro de Morel sea la siguiente: “Nunca he sentido que se escrutara y se juzgara tanto mi trabajo como en el asunto de la independencia de Cataluña”. Pero, hay que resaltarlo, desde un solo lado del conflicto, ya que el Gobierno nacional destacó por su inoperancia, tanto en el aspecto administrativo como en el comunicativo.

Mientras los nacionalistas iban cumpliendo cada una de las fases de su plan, Moncloa anunciaba a los corresponsales extranjeros, primero, que no se realizaría el referéndum, porque los golpistas carecían de infraestructura y, después, que los funcionarios no colaborarían porque se exponían a perder sus empleos ganados en una ardua oposición. “La comunicación del Gobierno español no iba más allá de los meros argumentos jurídicos”, confiesa Morel.

 Por ejemplo, Rajoy sólo le concedió una entrevista en 2013, en la que respondió con frases hechas a las preguntas sobre el separatismo rampante (cumplir la ley, España como Estado-nación más antiguo de Europa, la igualdad entre los españoles…); la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se negó a concederle siquiera una; y entre 2012 y 2016 sólo tuvo una reunión con el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, en la que éste dijo a los periodistas, como quien espanta una mosca, que en Moncloa estaban negociando con Barcelona y que no habría referéndum. Su conclusión es que “Rajoy no ha hecho política”.                 (Pedro Fernández Barbadillo es periodista y escritor, Somatemps, 13/06/18)

No hay comentarios: