1/10/12

Si el objetivo de la política de izquierdas es detener el desguace del Estado del Bienestar y hacer frente a la crisis, ¿de dónde se deduce la utilidad del proceso de independencia?

"Independentismo conservador. La prioridad de una política de izquierdas es aún el uso de los recursos del Estado para redistribuir la riqueza, corregir la propensión salvaje al desequilibrio económico y reducir la marginación social y cultural que genera el sistema capitalista, también dentro de un estado del bienestar (que, más o menos desvalido, es lo que tenemos ahora por fortuna).

 ERC se sitúa abiertamente fuera de este marco de referencia ideológico, pero, paradójicamente, su imagen es progresista; pertenece al espectro político teóricamente vinculado a una visión social de la política. 

 La cosa evidentemente al revés y el desenmascaramiento de ERC como partido conservador radica aquí, a pesar de la coraza segura de la juventud de sus bases y la movilización engañosamente progresista de sus convocatorias: engañosa significa que transmite la impresión de liderar un cambio que no es social sino de país, con la consecuente abdicación ideológica.

 Que yo sepa, la única solidaridad social y política que merece este nombre empieza justo allí donde termina el nosotros.  (...)

ICV podría ser en este dibujo teórico la verdadera izquierda, capaz de compensar la propensión de los gobiernos socialistas a ceder donde no deben ceder o aceptar lo que no deben aceptar. (...)

Esta izquierda ha incorporado de forma progresiva un tercer factor nuevo: ahora también es independentista o soberanista en la medida en que interpreta que buena parte de sus bases y de su futuro depende de no perder el tren de una movilización popular y ... progresista. 

 Vuelta a empezar: progresista? ¿Con quién es progresista la decantación soberanista que quiere el paso desde la defensa de los intereses de una Cataluña social a la reclamación del exclusivismo independentista?

  Me temo que ICV ha sido la última víctima de la trampa nacionalista que ha polarizado la vida catalana de la democracia y lo ha hecho perder de vista el lugar marginal que debería tener, en su entorno, la voluntad independentista. (...)

Digo la última víctima porque la primera fue, evidentemente, el PSC. Tampoco es ningún descubrimiento: hace muchos años que cedió los utensilios de matar la política catalana a CiU y lo hizo sin demasiado réditos electorales en clave autonómica (y bastante más consistentes en elecciones generales y municipales).

 Desdibujó su significado como partido socialdemócrata y es este el perfil que necesita desesperadamente recuperar para ganar la credibilidad perdida como partido de masas en Cataluña. O es independentista o reclama perfeccionar el marco federal que es el estado autonómico: es responsabilidad suya establecer con claridad las ganancias y pérdidas que generaría la preservación reformada del estado actual ante un proceso de independencia, perdiendo el miedo a pasar por conservador.

 Es un objetivo práctico para detener el empobrecimiento de Cataluña: en lugar de satisfacer el espejismo emocional de un país por fin independiente, la batalla es preservar y aumentar las condiciones de riqueza y de fuerza económica, política, internacional y cultural que Ca- España ha gozado hasta ahora dentro de España.(...)

 Si el objetivo más alto de la política de hoy y de mañana es detener el desguace del Estado del Bienestar y hacer frente a la crisis, ¿de dónde se deduce la utilidad del proceso de independencia para ser lo que hay ser ahora de acuerdo con una mirada de izquierda: radicalmente prudente porque la situación social es radicalmente jodida?(...)

 No creo que la independencia sea la bandera progresista de hoy. El objetivo verdaderamente central del progresismo debe ser blindar o por lo menos proteger el Estado del Bienestar frente a ofensivas de ruptura independentista y en frente de la ofensiva desmantelladora del liberalismo capitalista dispuesto a todo. 

 Frenar ambas ofensivas es un compromiso insoslayable de la izquierda si se trata de izquierda. Y el freno en nuestro caso pasa por dar gas en la transformación negociada y auténtica de la relación con España, no por la vía de devaluar y debilitar aún más las condiciones actuales del Estado."            ( El País,  26 SEP 2012)

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