"La ausencia
de una reflexión intelectual mínima de los socialistas se patentiza en
su súbita reconversión a la defensa de un Estado federal, adoptada a
prisa y corriendo y sin siquiera la más mínima concreción acerca de en
cuáles contenidos relevantes (aparte del nombre, claro) se diferencia
una federación del Estado autonómico hoy existente. Contenidos que sean
relevantes para la cuestión que nos ocupa, que no es otra que la
anunciada secesión de Cataluña por un supuesto maltrato del conjunto.
¿Es que por ventura en los Estados federales no rige el principio de
igualdad ciudadana y de solidaridad interestatal, que es lo que impugna
el secesionismo padano-catalán? ¿Es que la existencia de un Senado
federal en el que los nacionalistas serían siempre minoría ayudaría en
algo a integrarles? Da igual, dice Rubalcaba, adoptemos la palabra
federal y ya veremos luego lo que hay que cambiar. Pensamiento profundo,
sí señor. (...)
«Errare humanum est, perseverare diabolicum»,
decía un proverbio romano. Lo que podríamos traducir para nuestros
socialistas como: hasta ahora puede haber sido un error, pero a estas
alturas sería ya estupidez pura y dura.
Por favor, no vuelvan a las
andadas de toquetear la articulación, atrévanse a afrontar el desafío en
sus propios términos. Dejen en paz el federalismo y hablen de lo que
les pide la realidad: ¿secesión o unión? ¿Cuál y por qué?
Y como para hablar de ello se necesita un cierto grado de claridad,
tanto de ideas como de procedimientos, lo que hoy toca es reflexionar
sobre ambos aspectos y generar la política correspondiente, distinta de
la fracasada hasta hoy.
En primer lugar, no se puede debatir entre demócratas sobre la opción
‘secesión-unión’ si una de las posibilidades está prohibida o fuera de
la ley a priori. ¿Qué discusión puede haber si una de las opciones jamás
podría ganar?
Seamos serios, hay que admitir, pactar y regular la
posibilidad de una secesión en España, precisamente para poder entonces
discutirla. Y téngase en cuenta que quienes interiorizan de antemano una
consulta a la sociedad como si fuera una derrota, y por ello intentan
evitarla, están ya derrotados. (...)
En segundo, para que la sociedad opte por la unión hace falta fundamentar esta elección en algo positivo. (...)
Dar el paso a un pensamiento y discurso positivos acerca de la unión
entre los españoles les debe de costar mucho a los progresistas porque
asocian ese paso con el nacionalismo español, y de eso al facherío no
hay más que un suspiro, ¿verdad?
Humildemente les sugeriría que lo
analicen desde la teoría democrática y de sus exigencias, que
profundicen en la idea de que un Estado plural respetuoso de sus
minorías es de superior calidad democrática a un Estado mononacional que
inevitablemente pretendería ‘construir’ nacionalmente a sus ciudadanos
y, por ello, incurriría en el más atroz de los paternalismos.
Que
comprendan de una vez que el nacionalismo, todo nacionalismo, contiene
en su núcleo dogmático un germen profundamente incompatible con la
democracia. Que no por ser pacífico el nacionalismo es congruente con la
teoría y la práctica democrática.
Que una España articulada de manera
que respeta la diferencia de todas sus nacionalidades y regiones pero
sin renunciar a la igualdad de derechos ciudadanos de todos sus
habitantes no es sólo una opción más, sino que es un ‘triunfo’ en la
partida si se juega con las reglas de la democracia.
No sean
acomplejados, ser unionista es aquí y ahora mucho mejor –moralmente
mejor– que ser secesionista. Si lo piensan, lo entenderán." (J. M. Ruiz Soroa, EL CORREO, 30/9/12, en Fundación para la Libertad, 30/09/2012)
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