1/10/12

La reacción del PSOE ante el desafío secesionista del nacionalismo catalán puede bien caracterizarse así: un pensamiento débil que lleva a una postura política anémica

"La ausencia de una reflexión intelectual mínima de los socialistas se patentiza en su súbita reconversión a la defensa de un Estado federal, adoptada a prisa y corriendo y sin siquiera la más mínima concreción acerca de en cuáles contenidos relevantes (aparte del nombre, claro) se diferencia una federación del Estado autonómico hoy existente. Contenidos que sean relevantes para la cuestión que nos ocupa, que no es otra que la anunciada secesión de Cataluña por un supuesto maltrato del conjunto.

 ¿Es que por ventura en los Estados federales no rige el principio de igualdad ciudadana y de solidaridad interestatal, que es lo que impugna el secesionismo padano-catalán? ¿Es que la existencia de un Senado federal en el que los nacionalistas serían siempre minoría ayudaría en algo a integrarles? Da igual, dice Rubalcaba, adoptemos la palabra federal y ya veremos luego lo que hay que cambiar. Pensamiento profundo, sí señor. (...)

«Errare humanum est, perseverare diabolicum», decía un proverbio romano. Lo que podríamos traducir para nuestros socialistas como: hasta ahora puede haber sido un error, pero a estas alturas sería ya estupidez pura y dura.

 Por favor, no vuelvan a las andadas de toquetear la articulación, atrévanse a afrontar el desafío en sus propios términos. Dejen en paz el federalismo y hablen de lo que les pide la realidad: ¿secesión o unión? ¿Cuál y por qué?

Y como para hablar de ello se necesita un cierto grado de claridad, tanto de ideas como de procedimientos, lo que hoy toca es reflexionar sobre ambos aspectos y generar la política correspondiente, distinta de la fracasada hasta hoy.

En primer lugar, no se puede debatir entre demócratas sobre la opción ‘secesión-unión’ si una de las posibilidades está prohibida o fuera de la ley a priori. ¿Qué discusión puede haber si una de las opciones jamás podría ganar? 

Seamos serios, hay que admitir, pactar y regular la posibilidad de una secesión en España, precisamente para poder entonces discutirla. Y téngase en cuenta que quienes interiorizan de antemano una consulta a la sociedad como si fuera una derrota, y por ello intentan evitarla, están ya derrotados. (...)

 En segundo, para que la sociedad opte por la unión hace falta fundamentar esta elección en algo positivo.   (...)

Dar el paso a un pensamiento y discurso positivos acerca de la unión entre los españoles les debe de costar mucho a los progresistas porque asocian ese paso con el nacionalismo español, y de eso al facherío no hay más que un suspiro, ¿verdad? 

Humildemente les sugeriría que lo analicen desde la teoría democrática y de sus exigencias, que profundicen en la idea de que un Estado plural respetuoso de sus minorías es de superior calidad democrática a un Estado mononacional que inevitablemente pretendería ‘construir’ nacionalmente a sus ciudadanos y, por ello, incurriría en el más atroz de los paternalismos.

 Que comprendan de una vez que el nacionalismo, todo nacionalismo, contiene en su núcleo dogmático un germen profundamente incompatible con la democracia. Que no por ser pacífico el nacionalismo es congruente con la teoría y la práctica democrática. 

Que una España articulada de manera que respeta la diferencia de todas sus nacionalidades y regiones pero sin renunciar a la igualdad de derechos ciudadanos de todos sus habitantes no es sólo una opción más, sino que es un ‘triunfo’ en la partida si se juega con las reglas de la democracia. 

No sean acomplejados, ser unionista es aquí y ahora mucho mejor –moralmente mejor– que ser secesionista. Si lo piensan, lo entenderán."             (J. M. Ruiz Soroa, EL CORREO, 30/9/12, en Fundación para la Libertad, 30/09/2012)

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