"Antonio Robles acaba de publicar ‘Equidistantes exquisitos’ (Ediciones Hildy),
un ensayo en el que analiza lo que el economista Félix Ovejero ha
definido como “un inventario del paisaje humano que allanó el camino a
la locura nacionalista”.
Este libro se iba a presentar poco antes de Sant Jordi, pero debido a la actual situación de confinamiento se han aplazados sine die las presentaciones públicas. Aún así, el libro ya se puede adquirir en Amazon o mandando un correo a edicioneshildy@gmail.com.
El
libro cuenta con un prólogo de Albert Boadella, que define a los
“equidistantes exquisitos” como “un género de personas que ha obtenido
gran predicamento en la España actual. El ecosistema preferido de tales
ejemplares – asegura el dramaturgo – son los conflictos territoriales.
Se han significado como auténticos especialistas en la desactivación de
cualquier medida concluyente destinada a paliar los efectos nocivos del
nacionalismo”. ¿Qué añadiría y que quitaría de esta definición?
La sentencia de Edmund Burke, para que triunfe el mal solo es preciso que los buenos no hagan nada.
¿Cuál
ha sido el criterio para escoger a alguien digno de formar parte del
elenco de los “equidistantes exquisitos” que salen en el libro?
No
ha habido criterio, el libro no se ha escrito con una idea
preconcebida, sino como resultado acumulado de retratos críticos contra
personajes públicos que colaboraron con el nacionalismo cuando debían
haberlo combatido. Fueron surgiendo a lo largo de los años previos al
procés. Unos por interés, otros por cobardía, y casi todos por
ignorancia o vencidos por el síndrome de Catalunya. Un complejo bien
gestionado por la manipulación victimista del catalanismo.
En
el libro hay políticos de izquierdas, de centro-derecha, intelectuales,
periodistas… ¿La “equidistancia exquisita” es transversal?
La
cobardía, el interés, la deslealtad, la falta de escrúpulos, el
egoísmo, la sumisión, la mentira, la ceguera interesada… son pasiones,
instintos culturales transversales. La maldita naturaleza humana. En
éste caso, la ideología sólo serviría para justificar lo injustificable.
¿Por qué decidió publicar este libro?
Por
la misma razón que escribo, para dejar constancia que las decisiones
humanas individuales, por acción y omisión, tienen consecuencias. Está
bien escandalizarse a toro pasado en nuestras cátedras universitarias
por el silencio que permitió la ascensión del nazismo en los años
treinta, pero somos muy perezosos a la hora de enfrentarnos a nuestros
propios demonios, en nuestro tiempo y en nuestra casa.
En el libro nos habla de los “equidistantes exquisitos”. ¿Cuál, o mejor dicho quién, sería su antónimo?
Gente
comprometida con su tiempo. Cuando ETA mataba a diario, Fernando
Savater encabezó ‘¡Basta ya!’ en la cátedra y en la calle. Ese acto de
Resistencia activa acabaría con la hegemonía moral de los asesinos; y en
Cataluña, Albert Boadella se jugó todo durante el franquismo y se
enfrentó sin mascarilla al coronacionalismo de Pujol con ‘Ubú President’
ya en 1981. Dos personajes que supieron estar dónde y cuándo debían.
¿Es
posible la “equidistancia exquisita” cuando el secesionismo que
gobierna la Generalitat vende desde los púlpitos oficiales que “España
nos mata” con la epidemia del coronavirus?
Es evidente
que es posible, como lo es mirar para otro lado cuando se maltrata a una
mujer, se acepta un 3% para cerrar los ojos a la corrupción, o se
colabora con el mal en nombre de mentiras históricas. Pero no debería
ser posible. Ante ello, no hay disculpa ni justificación ¡para nadie!
¿A quién, y le pido por favor que solo me dé dos nombres, le regalaría el libro para que dejen la “equidistancia exquisita”?
¡Uuuuffff!,
se arruinaría la editorial. Pero si me limita a dos… a Jordi Évole y a
Miquel Iceta. Aunque podría ser generalizable a la profesión
periodística de la izquierda reaccionaria atrapada en la farsa del
diálogo nacionalista, y con múltiples intelectuales y el mundo de la
farándula con ínfulas ilustradas, pero nulo compromiso con la
Ilustración.
¿Cuál es la mejor hoja de ruta para vencer al secesionismo?
Tomar
conciencia de la infección mental sufrida por el coronacionalismo
durante estos cuarenta años, crear los antídotos culturales para
desmontar todas sus mentiras y erosionar sin descanso su obscena
hegemonía moral. Empezando por desenmascarar su fascismo postmoderno, es
decir, arrebatarles el lenguaje de la democracia y la libertad que han
robado tan obscenamente.
Ni son demócratas ni respetan la libertad de
los demás. Actúan como verdugos y se presentan como víctimas. Estamos en
una guerra no convencional, donde las armas son culturales y las
directrices de pura psicología social. El Estado de Derecho y la nación
española, han de ser consecuentes con ello. Sin complejos.
Usted
fue de los que, en 2006, tras conseguir Cs tres diputados al Parlament
gritó “toma 3, TV3”, por el vacío que le hicieron durante la campaña
electoral. ¿Qué le gritaría en este momento a la dirección de la
televisión autonómica?
A las sectas no se les grita, se
las desmonta. Son un peligro social, nadie consentiría que un líder
mesiánico fanatizase la mente de nuestros hijos para controlar su
voluntad. Da lo mismo en nombre de qué pendejada.
¿Pensó que algún día un fanático supremacista como Quim Torra estaría al frente del gobierno autonómico catalán?
Este
arquetipo era corriente desde los años ochenta en colegios,
instituciones, medios públicos de comunicación, partidos políticos,
asociaciones cívicas… ¿O qué cree que era Ómnium cultural? El más eficaz
de todos fue su valedor máximo, Pujol, pero mejor camuflado y, por
ello, mucho más letal. A lo largo de mi vida profesional en periodismo y
educación, los he sufrido a diario. No fue casualidad que ya a
principios de los años noventa denunciase que los maestros eran el
ejército de Cataluña.
¿Quién cree que ganará la próxima batalla por la hegemonía del bando separatista en Cataluña, ERC o JxCAT?
Tanto
monta, monta tanto, al final, en la farsa y el delirio votarán juntos
contra España. Pero si me permite, el líder de ERC Junqueras es de largo
el personaje más peligroso de todos, mucho más que Puigdemont y Torra
juntos. Cura ladino, líder de la secta, tiene paciencia y espera lo que
haga falta para dar el zarpazo. Alma gemela de Pujol."
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