"(...) Tsunami Democrátic ha irrumpido ocupando el aeropuerto del Prat o bloqueando la frontera con Francia.
¿De
dónde ha surgido este fenómeno, formado hace pocas semanas y que ahora
amenaza con “causar una crisis generalizada en España”? ¿Quién y para
qué necesitan ver a Cataluña atravesada por la devastación de un tsunami
político? (...)
En su origen encontramos dos tendencias contrapuestas.
Por un
lado el deseo de los sectores más agresivos del independentismo,
representados por Puigdemont en Waterloo y Torra en Barcelona, de que la
respuesta a la sentencia del “juicio al procés” fuera el “momentum”
para elevar la temperatura del “conflicto con España”.
Por otro,
la tendencia decreciente de la capacidad de movilización de las élites
del procés. La ANC y Omium, que en 2014 juntaron en la diada a 1,8
millones de manifestantes, solo pudieron congregar hace pocas semanas a
350.000 para protestar contra la sentencia del Supremo.
Cuanto más pretenden avanzar hacia la ruptura, menor es la base de masas dispuesta a seguirlos.
Y
lo que las élites del procés necesitaban apareció. Una plataforma como
Tsunami Democràtic que, movilizando solo a la base independentista más
encuadrada, permitiera mantener de forma continuada un clima de
conflicto social.
De arriba abajo
La forma
en que Tsunami Democràtic se organiza nos da pistas sobre cuál es su
naturaleza. Se presenta a sí mismo como una organización “sin líderes ni
portavoces”, engendrada por una ola colectiva que sube de abajo a
arriba.
La realidad es mucho más prosaica. Un periódico
independentista como Ara nos informa de que Tsunami Democràtic se
organiza de arriba abajo, en árbol: una cúpula idea las acciones que
hace llegar a través de ramificaciones hasta el peldaño más bajo, los
coordinadores municipales.
Nada que ver con una “indignación espontánea” que se organiza de forma casi asamblearia.
La
web que aloja su infraestructura en internet está radicada en San
Cristóbal y Nieves, un paraíso fiscal caribeño especializado en ocultar
la identidad de los dominios. Y fue registrada en julio, dos meses antes
de su presentación pública.
No es un fenómeno desordenado, que
avanza a golpe de muchos pequeños impulsos. Fuentes policiales reconocen
que “se trata de un movimiento con una estructura organizada y una
estrategia pensada y poderosa, capaz de convocar y desconvocar una
acción en horas, consiguiendo que miles de personas acudan a un lugar y
se vayan”.
La app que se descarga cada miembro del “tsunami” a
través de códigos QR es un ejemplo máximo de centralización y
obediencia. Permite a un centro de mando saber la localización exacta de
cada miembro y planificar las acciones. Y miles de personas ceden sus
datos, y obedecen las órdenes, de una dirección que no conoce.
La
amplitud de su radio de acción -más de 400.000 seguidores en Telegram,
lo que supone el 70º canal del mundo por volumen-, la sofisticada
infraestructura en internet, la capacidad de organizar complejas
operaciones, como la paralización de una frontera durante más de un día,
no surge de un pequeño círculo.
En sus formas, Tsunami Democràtic
no se emparenta como “organizaciones surgidas de la base”, sino con
modernos movimientos de desestabilización, como el que impulsa desde
hace meses disturbios en Hong Kong, capaz de generar problemas a un país
como China.
El rastro del tsunami conduce a Waterloo
Carles
Puigdemont ha negado una y otra vez tener nada que ver con el
“lanzamiento” de Tsunami Democràtic. Pero ha dejado un rastro que lo
delata.
No nos referimos a las palabras del expresident de la
Generalitat, cuando en 2017, semanas antes del 1-O, animaba a “llenar
las calles de gente con un tsunami democrático”.
Son pistas más
concretas. El dominio tsunamidemocratic.cat fue registrado a través de
la empresa canadiense Tucows. Es la misma utilizada para crear
defensaexili.org, que llama a sostener económicamente la presencia de
Puigdemont en Waterloo.
Tucows también se usó para impulsar
CATGlobal.cat o republica.cat, directamente conectadas al Consell de la
República presidido por Puigdemont. Pero hay más: Tsunami Democrática
guarda sus datos en servidores de la empresa Cloudflare, la misma que
aloja el dominio consellrepublica.cat.
Todo puede ser una endiablada catarata de casualidades. Pero diversas fuentes -desde informes policiales a medios dispares como El País o La Vanguardia–
coinciden en que el lanzamiento público de Tsunami Democràtic se
decidió en una reunión celebrada en Ginebra, en la última semana de
agosto, en la que estuvieron presentes todas las “fuerzas vivas” del
procés, desde Puigdemont y Torra a ERC o las CUP. El más entusiasta
defensor del Tsunami fue… Puigdemont.
Este “aval” del poder, y no la “indignación de las bases
independentistas” es la gasolina que explica el fulgurante crecimiento
del tsunami. Cuando se presentó públicamente, el 2 de septiembre, a los
pocos minutos había recibido la aprobación pública, vía twitter, de
Puigdemont, Torra y Junqueras. Lo mismo ha sucedido con cada una de sus
acciones. El Consell de la República instó a acudir a bloquear la
frontera francesa en La Junquera y a respaldar “una movilización
permanente”.
¿Quién sale beneficiado?
Esta
pregunta, básica para aclararse en una novela policíaca, nos permite
comprender lo que algunos llaman “el enigma del tsunami”.
Cuando
Tsunami Democràtic aparece en escena, en el seno del independentismo
existe una dura pugna entre “el círculo de Waterloo”, los Puigdemont y
Torra, que apuestan todas las cartas a mantener a cualquier precio el
enfrentamiento con España, y una ERC en ascenso partidaria, sin
abandonar sus planteamientos independentistas, de una vía más
posibilista.
Tsunami Democràtic se presenta con un vídeo donde,
bajo el lema “recuperemos la iniciativa”, el agua hierve en un cazo.
Caldear el ambiente político para poder dar un paso adelante.
Pocos
días después, Tsunami Democrátic emite un tuit, que luego borraron,
donde se afirma que “la respuesta organizada pretende crear en el Estado
español que se prolongue en el tiempo”.
Detrás de cada acción del Tsunami Democràtic encontramos una razón política que conduce al “círculo de Waterloo”.
Puigdemont
acaba de presentar en Waterloo el Consell de la República de la
Catalunya Nord, con sede en Perpiñán. Una iniciativa para extender a
Francia el “conflicto catalán”.
Mientras esto sucedía, Tsunami
Democràtic cortaba durante 36 horas la frontera con Francia, obligando a
la policía gala a cargar.
Toda la estrategia de las élites del
procés más agresivas se basa en “internacionalizar el conflicto”.
Necesitan una “intervención exterior”.
En el comunicado valorando
la acción en la frontera con Francia, Tsunami Democràtic afirmaba que
“se ha conseguido aislar al Estado español de Europa”. Planteando que
“se ha hecho visible que la demanda democrática de la ciudadanía de
Cataluña no es un problema interno del Estado español sino que afecta al
espacio europeo”.
Y ya se anuncia que algunas de las próximas
acciones del “tsunami” se realizarán en algunas de las principales
ciudades europeas.
Pero el Tsunami Democràtic también aspira a
traspasar los límites catalanes dentro de España. Al mismo tiempo que se
bloqueaba la frontera en Francia por Cataluña, se impulsaba una “marcha
lenta” que también colapsara los pasos fronterizos en Euskadi. Bajo la
bandera de “ofrecer una solución democrática en Cataluña y Euskal
Herria”, Tsunami Democràtic pugna por sumar una variante vasca a la
hoguera catalana.
La subversión de la No Violencia
En
su primer tuit público, Tsunami Democràtic afirma basarse en los
principio de “la no violencia y la desobediencia civil”, invocando
referencias como Gandhi o Luther King. Pero esa es la “tapadera” que
esconde intereses muy diferentes.
En 2018, el Instituto Catalán
Internacional por la Paz, creado por el Parlament de Catalunya, publica y
difunde los libros de Gen Sharp, teórico de la “no violencia”,
afirmando que “en el contexto actual de conflicto político (..:) estos
libros parece escritos para aportar respuestas a los retos que tenemos”.
Paralelamente,
destacados miembros de la ANC acuden a Boston a reunirse con el
Instituto Albert Einstein, fundado por Sharp, para aplicar a Cataluña
sus enseñanzas.
¿Quién es Gene Sharp?
En
los años ochenta, en plena Guerra Fría, Sharp desarrolla los métodos de
lucha subversiva a emplear ante una posible ocupación soviética de
Europa Occidental. La CIA integra al Instituto Albert Einstein de Sharp
en la “red stay-behind”, una telaraña secreta de intervención
norteamericana en Europa.
Las organizaciones de Sharp reciben
financiación directa de la National Endowment for Democracy, una de las
ramas de la CIA. Tras la Guerra Fría, la CIA coloca al coronel Robert
Helvey, experto en subversión y entonces decano de la Escuela de
Formación de Agregados Militares de Embajadas, como enlace directo con
la Albert Einstein Institution.
Bajo la bandera de la “no
violencia y la desobediencia civil” se promueven movimientos de
desestabilización siempre al servicio de los intereses de dominio de la
superpotencia. La red de Sharp extenderá sus tentáculos a Yugoslavia,
preparando el terreno para la invasión de la OTAN, jugará un papel en
las múltiples “revoluciones de colores” -desde Ucrania a Egipto o
Birmania- para derribar gobiernos y sustituirlos por otros más ajustados
a los proyectos de Washington.
A través del Centro para la Acción
No Violenta y Estrategias Aplicadas con sede en Belgrado, se instruye a
futuros dirigentes de 46 países en las tácticas de desestabilización
ideadas por Sharp. Entre otros, han pasado por esta “academia de la
desestabilización” algunos de los más agresivos partidarios del golpe
que en Venezuela quiere imponer el gobierno de Juan Guaidó.
Gene
Sharp no elabora sesudos planteamientos filosóficos sobre la “no
violencia”, sino manuales de acción. Ha sistematizado hasta 198 tácticas
concretas. Agrupadas en cinco pasos, desde “crear un clima de malestar
social”, con denuncias, fundadas o no, hasta la “fractura
institucional”, que incluye pronunciamientos militares para la renuncia
de un presidente.
Es un auténtico manual de desestabilización elaborado desde las cloacas del Estado norteamericano.
En
las semanas previas a la publicación de la sentencia, la ANC y otras
organizaciones del procés convocaron “talleres y seminarios” para
estudiar los métodos de Sharp.
Que no se disfracen con referencias
progresistas y de lucha popular. La “no violencia” que defienden son en
realidad violentos procesos de desestabilización, y la “desobediencia
civil” que propugnan es la obediencia a manuales de subversión
elaborados por la superpotencia.
Una misma caja
¿Y
de dónde sale el dinero para sostener una iniciativa como Tsunami
Democràtic? El rastro del dinero siempre es una pista decisiva.
La
justicia española está investigando una red de malversación de dinero
público para financiar al “círculo de Waterloo”. Hasta dos millones de
euros de subvenciones publicas a la fundación CATmon se habrían desviado
para llenar las arcas de Puigdemont en Bélgica.
El método es
sencillo: instituciones controladas por los partidos del procés otorgan
subvenciones a sus propias fundaciones, y luego ellas canalizan el
dinero. En el caso de CATmon, encontramos a Victor Terradellas,
íntimamente relacionado con el más estrecho círculo de Puigdemont.
Otra
vía de financiación es recabar aportaciones de los ya beneficiados. Así
hizo Terradellas al pedir a Joan Puig Cordón, ex diputado de ERC y
editor de diversos medios digitales -cuya financiación procede al 90% de
subvenciones de la Generalitat- una “aportación” de 100.000 euros.
Al
final de todas estas vías de financiación del procés siempre
encontramos una misma caja: los presupuestos de la Generalitat, que
todos pagamos pero que manejan las élites procesistas.
¿Creen que
la financiación del “tsunami”, en cuyo origen volvemos a encontrar estas
mismas élites del procés, va a seguir una norma distinta?" (Joan Arnau, De Verdad Digital, 24/11/19)
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