27/11/19

El caso del restaurante Siurana, que ha tenido que cerrar por haber pagado los impuestos a la hacienda catalana en lugar de -como hacemos usted y yo- a la Hacienda de toda la vida, es toda una alegoría del proceso: un engaño

"El caso del restaurante Siurana, que ha tenido que cerrar por haber pagado los impuestos a la hacienda catalana en lugar de -como hacemos usted y yo- a la Hacienda de toda la vida, es toda una alegoría del proceso: un engaño. 

Estos que se fían de los líderes políticos y que van a que les rompan la cara el 1 de octubre, o esos que creen que pagando los impuestos a una entelequia no les deberán pagar allí donde toca, son muy útiles: a unos, nos parten de risa; a otros, les abren los ojos haciéndoles comprender que todo ha sido una farsa; a todos, nos recuerdan que mientras haya burros, habrá los que van a caballo.

Si los tan patriotas restauradores fueran un poco espabilados -y reconozco que cuesta ponerse en este supuesto-, sospecharían algo al saber que las empresas de sus queridos líderes, así como los ayuntamientos de sus adorados partidos independentistas, han pagado sus impuestos allí donde toca, por si las moscas.

 Alguien les debería haber advertido que todo iba de boquilla, tal vez alguien de los que recibieron un porrazo en las costillas defendiendo urnas, mientras los que lo habían enviado lo miraban desde casa o -los más miedosos, como el Vivales- ya desde la carretera que le llevaba al extranjero, sin mirar atrás.

¿ Y ahora qué, pobre -en todos los sentidos- y patriótica pareja de empresarios, quiero decir de ex empresario? Quizá alguna caja de resistencia que haya sobrevivido a los robos de los más listos los pueda ayudar a pagar la deuda con Hacienda.

 La paradoja sería que entonces la caja de resistencia serviría para enriquecer a la pérfida España. Nada que decir, igual ocurre con las multas a los políticos patriotas. Al final las cajas de resistencia serán útiles sólo para España.

Estas cosas terminan con la relación de pareja. Imagino el matrimonio, ya embargado y sin restaurante, culpándose el uno al otro de la brillante idea de pagar a la Hacienda catalana, mientras mendigan en la puerta de una iglesia.

 - ¿La culpa es tuya, que me dijiste que nuestros políticos nunca nos engañarían!

- ¿Yo? Ay, tenía que haber hecho caso a mi padre, cuando me decía que no me casara con un inútil.

De todo se aprende. De no hacer caso de los líderes llacistes se aprende a hostias. Unos las reciben literalmente y otros en la cuenta corriente."                  (Albert Soler, Diari de Girona, 26/11/19)

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