"El extraño -por ello, también sospechoso- empate en la asamblea de CUP
celebrada el pasado domingo sobre la investidura de Artur Mas, ha
terminado por rebasar el vaso de todas las paciencias.
Ayer, la prensa
catalana, de natural contenida, utilizó expresiones desgarradas ante el
ridículo institucional de la Generalitat y la indignidad del
pretendiente a seguir gobernándola. “Agonía”, “humillación”,
“esperpento” fueron algunas de las palabras que se colaron en los
titulares de la información sobre el ‘soviet’ de la Candidatura de
Unidad Popular. (...)
Artur Mas no ha entendido en absoluto qué es la dignidad en la
política. Como recordaba Borges, la derrota tiene una dignidad que
desconoce la victoria y es la que en su momento debió preferir el líder
de CDC antes que reptar reclamando la aceptación de una asamblea de
anticapitalistas e independentistas, marginales al sistema democrático y
autonómico.
Así, se cumple la sentencia que proclama que no hay cosa
que cause más daño que confundir la inteligencia con la astucia.
Ésta
–decía Fedro- vence “en el primer momento y suele ser vencida antes del
fin”. Cierto, porque, aunque el día 2 el consejo político de la CUP
acepte investir a Mas, el personaje ha quedado tan devaluado que su
presidencia sería una continuación de la actual agonía política y
terminaría de forma traumática.
La astucia de Mas ha consistido en enmascarar sus errores políticos y
de juicio. A tal punto lo ha hecho que el catalán ha dado la razón al
mismísimo expresidente Aznar que dijo aquello de que “antes se romperá
Cataluña que España”. El aserto está resultando certísimo. La catalana
es ahora una sociedad dividida, con su sistema institucional desarbolado
y con su burguesía políticamente arruinada.
El presidente en funciones ha conseguido, eso sí, callar cualquier
discrepancia digna de tal nombre, ahogar cualquier disidencia e imponer
su patológico ego sobre cualquier circunstancia. Y eso ha sucedido
porque todo su proyecto se ha basado en una falsedad: la aspiración de
independencia es mayoritaria en Cataluña. No lo fue ni el 27 de
septiembre ni, menos aún, el 20 de diciembre. (...)
La mesocracia de Cataluña se ha hundido la catana de Mas en su abdomen. Y agoniza también. " (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 29/12/15)
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