"El sistema autonómico español acierta bastante en recaudar más de los
territorios más prósperos, pero falla más en la segunda proposición, el
destino de los recursos según las necesidades reales.
El principio capacidades / necesidades no es abstracto. Tiene
traducción numérica, sobre todo en el caso de Cataluña, el más caliente y
estudiado. Aplicándolo a un quinquenio (2005/2009) y no solo a un año,
que siempre es más aleatorio porque se trata de flujos muy variables,
una de las voces hacendistas más fiables, la profesora Maite Vilalta
(comparecencia parlamentaria del 2 de mayo), estima que el saldo entre
contribuciones y flujos recibidos, el déficit catalán, se
circunscribiría al 4,2% o al 2,9% de su PIB (según distintos métodos de
cálculo), entre 7.901 y 5.447 millones anuales.
Se trata de un horizonte muy viable, nada lejano al déficit promedio
del 3,85% que exhiben las zonas ricas de países federales, como los ya
citados de los que hay datos (Papers de Treball número 1/2012,
Generalitat de Catalunya).
Y muy inferior al 6,7% del PIB (12.641
millones) que alcanzaba ese déficit en el mismo quinquenio, calculado
según los seis baremos que se usaron para las balanzas fiscales de toda
España.
Esas que interrumpió el Gobierno del PP y mutiló a la mitad el
de CiU, para enfatizar uno solo de los cálculos, el que arroja un
déficit fiscal del 8,4% para un año concreto (2009), que muchos
consideran de carácter expropiatorio y que el secesionismo escoge como
bandera (parcial y, pues, sectaria).
Con fuertes correcciones, el retorno al espíritu estatutario y costes
lógicos pero asumibles para los territorios con excesivo superávit
fiscal, el actual sistema de financiación —aunque no es el único
instrumento para lograrlo— podría servir para acercar la España
autonómica a los mejores sistemas federales. Si Dios quiere. Y los
demás." (
Xavier Vidal-Folch, El País, 26 SEP 2012)
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