2/1/18

Con la notable excepción del PP, seguramente es CeC-Podemos quien ha sufrido el mayor batacazo electoral el pasado 21-D. La mercancía del “referéndum pactado” no la quiere comprar nadie... y es que hay más de un 35% de ciudadanos en Cataluña a quienes no les importaría que desaparecieran las autonomías

"Con la notable excepción del PP, seguramente es CeC-Podemos quien ha sufrido el mayor batacazo electoral el pasado 21-D. (...)

Y en lo fundamental las cosas no pueden pintar peor para CeC-Podemos. Su cantinela de que la política de bloques impide que se imponga su línea de dar prioridad a lo social (y en este instante vamos a hacer caso omiso de que esa presunta prioridad es esto, presunta y no real, así como del hecho, demostrado ya, de que la dirección, no la base, hace tiempo que tomó partido por un bloque concreto), es una evasión de la realidad, pues lo que hay que hacer es analizar el porqué ocurre así, el porqué hay una política de bloques, el cómo es cada uno de esos bloques y las líneas de fractura que existen en el interior de cada uno de ellos. 

Es decir, habría que hacer algo que la izquierda renunció a hacer hace muchos años: estudiar la realidad sociopolítica en la que nos movemos, estudiar la realidad de los humildes dentro de ella y tratar de ser útil para resolver sus problemas.


Naturalmente esta es una ardua tarea y aquí no vamos a intentar solucionarla. Pero solamente con dar un breve vistazo a la realidad, veremos que esta no se parece en nada a las entelequias en que se basa la línea política de CeC-Podemos. Y esto lleva ya años siendo visible en Cataluña, pero es que, tras el 21-D, más que visible es deslumbrante.


Quienes llevan la voz cantante en CeC-Podemos (y sus “partners”) siguen insistiendo, con machaconería digna de mejor causa, en que el bálsamo curalotodo que se necesita en Cataluña es el referéndum pactado, seguido de la república federal y solidaria. Por más que esto sea un oxímoron, ya que la base del referéndum pactado es el troceamiento de la Soberanía Popular (es decir, que unos pocos ciudadanos decidan sobre lo que afecta a todos), mientras que en las repúblicas federales no hay tal troceamiento (como demuestra lo que pasó en Estados Unidos, cuando ciertas asambleas legislativas usaron del “derecho a decidir”).

 Sin embargo, fuera de estos principios democráticos de manual, lo importante ahora es que esa mercancía del “referéndum pactado” no la quiere comprar nadie. 

A todos nos han aburrido con esa cantilena del 80% de ciudadanos catalanes que estaban a favor de ello. Pero, cuando han tenido que comparecer en las urnas, ese 80% se ha reducido a unos míseros 8 diputados sobre 135, ya que es evidente que intentar añadir otros no significa más que hacerse trampas al solitario y guiños, nunca correspondidos, al bloque de la DUI. 

Más aún, los resultados del 21-D demuestran que hay más de un 35% de ciudadanos en Cataluña a quienes no les importaría que desaparecieran las autonomías. Por supuesto no son mayoría, pero es una cifra mucho más respetable que la del referéndum pactado. 

Más aún, la mayoría de esos ciudadanos son trabajadores, y no de la administración (que siempre son propensos al clientelismo), sino de centros productivos y viven en la parte de Cataluña que crea casi toda la riqueza social de la que luego se aprovechan otros. Dato que tendría que ser muy significativo para quienes se reclaman de izquierdas. 

En cuanto al federalismo pasa tres cuartos de lo mismo. Se suele repetir, y la repetición nunca es sinónimo de cierto, que el federalismo adolecía de falta de partidarios en el resto de España. Ahora ha quedado claro (nos remitimos a lo anterior) que tampoco goza de mucho predicamento en Cataluña. 

Es más toda esa milonga del plurinacionalismo, sobre la que se pretende basar el federalismo, si en algún lugar debería aplicarse es en Cataluña, ¡jamás en el resto de España (salvo el País vasco)! Pese a lo cual, sus partidarios en CeC-Podemos, para Cataluña sólo quieren oír hablar de la unidad más férrea.

 Y es que la última lección del 21-D, y la más importante, es que eso de “un sólo pueblo” sí que es una entelequia. Y cualquier línea política que no lo reconozca así, solamente podrá aspirar a decir, como hace el bloque de la DUI, que ellos son el único y trabajar para hacer desaparecer al otro. Línea política que no carece de precedentes, y hasta de éxitos, pero que nunca podrá llamarse democrática.


En conclusión, o quienes todavía tienen algo de organización y capacidad rectifican y rompen amarras con todos los errores de estos años, o seguiremos en la superfluidad más absoluta hasta la extinción total."                    (Ernesto Gómez de la Hera , Rebelión, 29/12/17)

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