"Con la notable excepción del PP, seguramente es CeC-Podemos quien ha sufrido el mayor batacazo electoral el pasado 21-D. (...)
Y en lo fundamental las cosas no pueden pintar peor para CeC-Podemos.
Su cantinela de que la política de bloques impide que se imponga su
línea de dar prioridad a lo social (y en este instante vamos a hacer
caso omiso de que esa presunta prioridad es esto, presunta y no real,
así como del hecho, demostrado ya, de que la dirección, no la base, hace
tiempo que tomó partido por un bloque concreto), es una evasión de la
realidad, pues lo que hay que hacer es analizar el porqué ocurre así, el
porqué hay una política de bloques, el cómo es cada uno de esos bloques
y las líneas de fractura que existen en el interior de cada uno de
ellos.
Es decir, habría que hacer algo que la izquierda renunció a hacer
hace muchos años: estudiar la realidad sociopolítica en la que nos
movemos, estudiar la realidad de los humildes dentro de ella y tratar de
ser útil para resolver sus problemas.
Naturalmente esta es una
ardua tarea y aquí no vamos a intentar solucionarla. Pero solamente con
dar un breve vistazo a la realidad, veremos que esta no se parece en
nada a las entelequias en que se basa la línea política de CeC-Podemos. Y
esto lleva ya años siendo visible en Cataluña, pero es que, tras el
21-D, más que visible es deslumbrante.
Quienes llevan la voz
cantante en CeC-Podemos (y sus “partners”) siguen insistiendo, con
machaconería digna de mejor causa, en que el bálsamo curalotodo que se
necesita en Cataluña es el referéndum pactado, seguido de la república
federal y solidaria. Por más que esto sea un oxímoron, ya que la base
del referéndum pactado es el troceamiento de la Soberanía Popular (es
decir, que unos pocos ciudadanos decidan sobre lo que afecta a todos),
mientras que en las repúblicas federales no hay tal troceamiento (como
demuestra lo que pasó en Estados Unidos, cuando ciertas asambleas
legislativas usaron del “derecho a decidir”).
Sin embargo, fuera de
estos principios democráticos de manual, lo importante ahora es que esa
mercancía del “referéndum pactado” no la quiere comprar nadie.
A todos
nos han aburrido con esa cantilena del 80% de ciudadanos catalanes que
estaban a favor de ello. Pero, cuando han tenido que comparecer en las
urnas, ese 80% se ha reducido a unos míseros 8 diputados sobre 135, ya
que es evidente que intentar añadir otros no significa más que hacerse
trampas al solitario y guiños, nunca correspondidos, al bloque de la
DUI.
Más aún, los resultados del 21-D demuestran que hay más de un 35%
de ciudadanos en Cataluña a quienes no les importaría que desaparecieran
las autonomías. Por supuesto no son mayoría, pero es una cifra mucho
más respetable que la del referéndum pactado.
Más aún, la mayoría de
esos ciudadanos son trabajadores, y no de la administración (que siempre
son propensos al clientelismo), sino de centros productivos y viven en
la parte de Cataluña que crea casi toda la riqueza social de la que
luego se aprovechan otros. Dato que tendría que ser muy significativo
para quienes se reclaman de izquierdas.
En cuanto al federalismo pasa
tres cuartos de lo mismo. Se suele repetir, y la repetición nunca es
sinónimo de cierto, que el federalismo adolecía de falta de partidarios
en el resto de España. Ahora ha quedado claro (nos remitimos a lo
anterior) que tampoco goza de mucho predicamento en Cataluña.
Es más
toda esa milonga del plurinacionalismo, sobre la que se pretende basar
el federalismo, si en algún lugar debería aplicarse es en Cataluña,
¡jamás en el resto de España (salvo el País vasco)! Pese a lo cual, sus
partidarios en CeC-Podemos, para Cataluña sólo quieren oír hablar de la
unidad más férrea.
Y es que la última lección del 21-D, y la más
importante, es que eso de “un sólo pueblo” sí que es una entelequia. Y
cualquier línea política que no lo reconozca así, solamente podrá
aspirar a decir, como hace el bloque de la DUI, que ellos son el único y
trabajar para hacer desaparecer al otro. Línea política que no carece
de precedentes, y hasta de éxitos, pero que nunca podrá llamarse
democrática.
En conclusión, o quienes todavía tienen algo de
organización y capacidad rectifican y rompen amarras con todos los
errores de estos años, o seguiremos en la superfluidad más absoluta
hasta la extinción total." (Ernesto Gómez de la Hera , Rebelión, 29/12/17)
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