20/12/17

¿Qué está pasando? Posiblemente, lo siguiente: se ha roto un pacto social. C's será el partido antiprocés. El que recogerá el quejido ante el abandono de gran parte de la sociedad, a la que sólo se le ha dejado participar del Procés mediante adhesión inquebrantable, o aceptando que eran unos fascistas...

"(...) Arrimadas es un fenómeno. Un compi de La Vanguardia, que viaja empotrado con ella estos días, me explica que en topos como Figueres --Cat profunda--, donde lo habitual, incluso antes del Procés, era silbar al candidato pepero o sociata, se le acercaban a darle la mano. Hace unas horas, en Santaco, cinturón, había miles de personas escuchándola, peladas de frío y sonriendo con la boca llena de dientes. ¿Qué está pasando?

Posiblemente, lo siguiente: se ha roto un pacto social. Un pacto que, ojo, no era institucional o político. Quizás se llegó tácitamente a él antes del 75. Y se cerró en el área metropolitana. Era un pacto que garantizaba la unidad social, y en el que se apostaba por el catalán como lengua débil, a la que proteger, y que se convertía en lengua vehicular. 

Quizás ese pacto fue el único logro de las izquierdas cat en la Transi. Se desecharon las comunidades lingüísticas, y se estableció una idea de ciudadanía que no era esencialista, sino cívica. Y efectiva, en tanto en toda esta formulación no participaron instituciones. El Pujolismo chuleó puntualmente ese pacto.

 Lo tensó, sin llegar nunca a romperlo. Con cierto arte. De hecho, se cuidó mucho de no tensarlo en demasía. Debajo de su culto a una Catalunya ideal, había una meditación profunda de esa Catalunya real, que podía enviar el juguete a paseo. Desde 2012 y, más, desde 2015, se ha tensado de manera inaudita.

 Tras pelarse el Bienestar, en 2011 --la escuela, la sanidad, los cojines sociales; la única rosca, en fin, que se comieron las izquierdas en los 70's--, las emisiones de Gobiernos posteriores han sido eminentemente propagandísticas, y han buscado satisfacer al votante de Procés antes que al grueso de sociedad. Lo que tiene mérito. 

En una sociedad que apostaba, en un 80%, por un referéndum, lo que era un hecho rupturista, no sólo no se ha gestionado esa bicoca, sino que se han creado léxico y marcos de confort y reafirmación --poco más-- para menos del 50% de la sociedad. A esa parte, que ocupa menos de la mitad, se la ha llamado poble.

 A la mayoría social, que no pasó la ITV para ser poble, sencillamente se la ha ignorado. No ha participado de la espiral de propaganda, sino que ha tenido que defenderse --por lo común, sola-- de ella, mientras miraba la tele. Y cuando en la tele hablan de pueblo todo el rato, es que es un spot de Fairy muy largo, o es que pasa algo en verdad inquietante.


C's parece que será el partido antiprocés. El que recogerá el quejido ante ese abandono de gran parte de la sociedad, a la que sólo se le ha dejado participar del Procés mediante adhesión inquebrantable, o aceptando que eran unos fascistas al no ir a los chiquiparks que organizaba la ANC. 

El lenguaje propagandístico --no ha habido otro-- es, en fin, muy de blanco y negro, y permite muy pocas alineaciones humanas. Es decir, variadas. La pregunta del millón es si con ese voto, amplios grupos sociales también aceptan el nacionalismo español reaccionario, intrínseco a la formación. 

Si finalmente, eso eso es así, esa será la gran consecuencia política del Procés, me temo. Haber roto, sin habilidad, las partes menos importantes y más anecdóticas de una baraja, y haber posibilitado con ello el nacimiento de una nueva derecha nacionalista en Cat. Por fin libre, una vez muertas las reglas. (...)

Van a ganar. En las siguientes elecciones, pueden vencer. El Procés, esa máquina para conservar la clase política del R'78 en Cat, ha sido un éxito. La ha conservado. El hecho de que C's suba como la espuma es otro efecto secundario al que no dieron importancia. "               (Guillem Martínez, CTXT, 17/12/17)

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