"A ustedes no sé pero a mí, como catalán, Puigdemont empieza a darme
vergüenza. Lo digo con el máximo respeto institucional posible para con
alguien que ha sido presidente de la Generalitat. Y que, con los números
en la mano, puede volver a serlo. También para todos aquellos que
legítimamente le han votado.
Les pido disculpas por adelantado desde
aquí.
Pero sólo hay que juzgarle por sus actos o por sus palabras. Me
ahorraré las muestras de valor tras el referéndum o la república porque
ya las mencioné en un artículo anterior
y no querría abusar de su paciencia. Companys, en todo caso, permaneció
en Palau tras el 6 de octubre. Y había cañonazos de por medio.
Animado sin duda por el resultado electoral, Puigdemont no ha dejado de pixar fora de test
-expresión catalana de difícil traducción al castellano- desde
entonces. Primero pidió abrir unas negociaciones “sin condiciones” con
Rajoy. Tanto criticar la politización de la justicia y mira por donde a
ver si desde la Moncloa le echaban un cable.
Después arremetió contra el Rey -cosa que también ha hecho el
portavoz de JxCat, Eduard Pujol- y le pidió una rectificación durante su
discurso de Navidad. El monarca paso olímpicamente de él. Como si fuera
una regata de vela en sus años mozos. Se limitó a pedir al nuevo Govern liderazgo, compromiso y responsabilidad. Parece como si Puigdemont estuviera amortizado. Game over.
Pero el expresidente sigue instalado en su mundo. Alguien de su
equipo debería recomendarle que no abuse de twitter. Como al niño al que
le quitan el juguete tras un berrinche. Y que tampoco se prodigue en
sus declaraciones públicas. Sólo hace que empeorar su futura situación
procesal. Muy negra está ya.
En la carta que leyó Turull en
su nombre durante el homenaje a Macià en el cementerio de Montjuïc
había tantas medias verdades que será estudiada en el futuro. Pero no sé
si en las facultades de comunicación o en las de psiquiatría.
Sostenía Puigdemont que no podía estar en persona por haber defendido
“democráticamente ” unas ideas aunque olvidaba las cinco veces que el
TC le dijo que no lo hiciera. Ahora ya nadie recuerda cuando posaba
riendo cada vez que el Constitucional le mandaba una interlocutoria.
Hasta se fotografió, con una pintura de Tàpies al fondo, con las cinco
recibidas. Como el que exhibe un récord o las copas ganadas en el
instituto.
También aseguraba que vivimos bajo un “estado de persecución” como si
esto fuera el Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. Y eso que lo
de presos políticos no lo ha aceptado ni Amnistía Internacional, que ya
es decir. Si los hubiera los de la CUP estarían todos en el trullo. Y en
cambio siguen ahí levantando el puño siempre que se tercie.
A mí lo que más me dolió fue cuando se comparó con Macià y recordó
que, como él, “también sufrió persecución y exilio”. Sobre todo porque l'Avi
estuvo, en efecto, exiliado entre 1923 y 1931. Pero fue durante la
dictadura de Primo de Rivera. Puigdemont se aloja en la casa de un
empresario flamenco en una zona bien y hace alguna escapada a la ópera.
Sospecho que todo ello son nervios y se ha dado cuenta finalmente de
que el tiempo corre en contra suya. El expresidente ha cometido dos
errores: el primero ha sido pensar que un buen resultado electoral le
eximiría de sus responsabilidades judiciales. Como si las elecciones
fueran un seguro contra la cárcel.
El segundo, por lo que parece, dar por sentada su investidura. En el
fondo es víctima de sus propias palabras. El 12 de diciembre, en una
rueda de prensa desde el exilio, anunció que volvería en caso de obtener un buen resultado.
“Si la decisión es que el Parlamento me invista en el Gobierno a mí,
si el Parlamento tiene mayoría independentista y me da la confianza,
esto no tiene plan B. Este es el plan. Yo volveré al Palacio de la
Generalitat, que nadie tenga ninguna duda”, dijo entonces.
Es hora de que cumpla su palabra. En Esquerra han empezado a
recordárselo. Veremos finalmente si hace las maletas o permanece en el
país de Tintín. Por favor, que vuelva. A ver si este país -Catalunya-
puede pasar página de una vez y salir adelante. Los catalanes no nos
merecemos tanto calvario." (Xavier Rius, director de e-notícies, 27/12/17)
No hay comentarios:
Publicar un comentario