"(...) A estas alturas, parece evidente que los independentistas catalanes no
aprecian nuestra compañía. La de quienes, fuera de Cataluña, pedimos un
referéndum legal, criticamos las cargas del 1-O y la aplicación del 155, nos manifestamos a favor de la libertad provisional de los líderes
presos, recibimos la formación del Gobierno de Sánchez como una buena
noticia también para el conflicto catalán.
Eso fue antes de Eslovenia,
de la irrupción de Vox, de la llamada a las barricadas de los CDR. Ahora
hemos aprendido que lo que nos parecía una locura —que un porcentaje
considerable de la población respondiera al discurso patriotero de las
banderas— era una carga de profundidad destinada a estallar con éxito.
En eso también fuimos demasiado ingenuos. (...)
Tal vez eso explique la transformación que se ha operado dentro de mí
para provocar una reacción que no me gusta, pero existe sin mi permiso.
No sé si los independistas catalanes creen que les conviene el hartazgo
de quienes más se han esforzado por comprenderles.
No sé si piensan que
van a llegar más lejos poniendo en peligro a un Gobierno progresista y
favoreciendo el retorno de la derecha al poder. Ni siquiera sé si se han
dado cuenta de que cada día nos caen más gordos." (Almudena Grandes , El País, 17/12/18)
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