2/1/18

La opinión nacionalista catalana, hoy traducida en este voto dramático, seguirá siendo xenófoba y, por tanto, atentatoria contra la convivencia entre catalanes y entre españoles

"(...) Cataluña es lo que es. Un lugar donde la razón política se ha perdido. 

Más de dos millones de catalanes han dado su asentimiento al paisaje arrasado que queda después de cinco años de proceso. 

Y han dicho a sus líderes políticos que hay que profundizar en el paisaje. 

A estas alturas cabe esperar que nadie invoque la teoría del desconocimiento, del engaño o de la hipnosis, proyectados sobre unos inermes ciudadanos secuestrados por sus élites. Cualquiera de los votantes del frente de la revolución sabía el sentido de su voto y conocía sus posibles consecuencias. 

Porque estas consecuencias estaban expuestas en el inmediato pasado: descalabro económico y descalabro político. Ni la fuga de empresas, ni las cifras desoladoras en casi todos los ámbitos de la actividad económica, ni la suspensión de la autonomía eran especulaciones más o menos inscribibles en la retórica del miedo, como podían haberlo sido en las elecciones de 2015. 

Ni tampoco, como en 2015, los votantes separatistas podrían argumentar ahora que el sentido de su voto era estratégico, que lo único que pretendían era una negociación, cargada de fuerza, pero aún autonómica. Mucho menos podría argumentarse ambigüedad.

  Los partidos separatistas han ido a estas elecciones proponiendo república, unilateralidad e independencia, sin apartarse un ápice de la política de hechos consumados de la legislatura interrumpida. 

Ni siquiera les han frenado los consejos de sus abogados: tras unos días de relativa vacilación, incluso personas que fueron sometidas a una libertad condicionada a su aceptación de la legalidad, como Carme Forcadell, dejaron a un lado sus recelos y actuaron como antes de declarar ante el juez. 

El voto ha sido, pues, consciente y responsable. Son, justamente, esas dos características las que permiten calificarlo como un voto infame, que merece el desprecio de cualquier demócrata, porque es un voto que llama al asalto y a la destrucción de la democracia española. No todas las opiniones son respetables. 

Una opinión no se convierte en respetable porque la comparta un gran número de personas. Tenga el eco que tenga, la opinión nacionalista catalana, hoy traducida en este voto dramático, seguirá siendo xenófoba y, por tanto, atentatoria contra la convivencia entre catalanes y entre españoles. 

Pero aunque el mal siempre provoca deslumbramiento, la decisión electoral tiene su explicación. La democracia es un juego entre convicciones y las convicciones no fraguan con rapidez. El 40% de franceses que apoyan al Frente Nacional no fraguaron ayer, sino a lo largo de un áspero proceso de consenso. 

No será fácil que tales convicciones desaparezcan de la noche a la mañana ni siquiera contando con el carácter plástico de la posmodernidad. El sociólogo argentino Silvio Waisbord explicaba en un artículo de mayo de este año en el New York Times las dificultades de penetración que en determinadas circunstancias tiene la verdad: «Hay creencias resistentes a la información, especialmente si están sólidamente engarzadas con identidades individuales y colectivas: si son parte de un ‘cerebro ideológico’ que filtra la realidad según convicciones férreas sobre el mundo. De hecho, la información puede incluso inducir una ‘resistencia motivada’ cuando pone en jaque convicciones y valores personales. Las falsedades son ‘pegajosas’ si están arraigadas en sentimientos de identidad». 

Sin duda alguna: y pocas falsedades tan pegajosas como la nacionalista. (...)"               (Arcadi Espada, El Mundo,22/12/17)


"(...) En primer lugar --y esto no se lo dirá casi nadie por la cuenta que le trae al doble lenguaje-- está la victoria arrolladora de la derecha. 

Mírese donde se mire, en Cataluña no hay más que conservadores o reaccionarios, a escoger, y no se dejen engañar por la disolución práctica del PP de Rajoy, las pintadas de la CUP y la inanidad de los equidistantes. 

Ha desaparecido la izquierda y eso lo saben muy bien los intelectuales de la lengua. Ahora les queda por hacer los reajustes y recolocarse. Desde Mascarell a Rafael Ribó (...) . Pero no quedará ahí porque hay exceso de oferta; sobran.  (...)

Porque todo ha cambiado si se sabe administrar la victoria sobre el fanatismo, menos una cosa. Sin dogma de superioridad no son otra cosa que partidos conservadores temerosos de dios y despreciadores de la ciudadanía. 

Hay que caer muy bajo para primar a un señor que se traga mejillones en Bruselas sobre su competidor que vive en una celda bajo prisión provisional. En el fondo y en la forma son una marca de conservadurismo, o del vivo al bollo. Una constatación de que el pujolismo tenía razón y merece más confianza el chalaneo de un astuto payés que la fe del creyente.

 ¡Si será cierto el aserto que incluso el huido ha nombrado ya una suplente, Elsa Artadi, que coincide plenamente con lo que él fue: un desconocido con habilidad para los corrimientos del escalafón! La militancia de los partidos cada vez se parece más a la masonería; grandes principios y miserias domésticas.

No hace falta ser profeta para prever que en la vida política y social catalana dominante va a persistir la hegemonía de la mentira. Desde el momento que el fugado de Bruselas se autodesigne único líder, la mezcla de tradicionalismo carlista y peronismo institucional, nos hará a todos permanecer en el agobio, la estupidez y el victimismo. La primera y más efímera república de la historia de España, implantada, subvencionada y defendida por la derecha, seguirá con sus embelecos hasta el vómito.

Hay algo que ha aparecido, que estaba ahí pero que el pensamiento único oficial se negaban a reconocer: que existe otra derecha en Cataluña con más base popular que la subvencionada y que además constituyen la mayoría. Da lo mismo. No aprenderán nada, porque la fe consiste en eso, en sustituir a la razón."                (Gregorio Morán, Crónica Global, 23/12/17)


"Carles Puigdemont, exiliado en estos momentos en Bruselas, será probablemente, de nuevo, Presidente de la Generalitat, sin ningún programa político concreto y solo con el objetivo de desarrollar esa Declaración de Independencia por la que está imputado por delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.

Es más, ese Presidente que, con toda probabilidad, será apoyado por la CUP, en tanto defiende la implementación del desarrollo de la República, que se declaró el 27 de Octubre, puede incluso dirigir el Gobierno (ha prometido que será el mismo que tenía antes de la aplicación del artículo 155) desde Bruselas, con un conseller en cap. que tenga plenos poderes para llevar el día a día. 

Lo otro, su promesa de volver a Cataluña si era reelegido, puede complicar,  aún más, la situación, ya que tendría que ser detenido,  porque existe una orden de detención contra él.
Ha ganado en votos y en escaños Inés Arrimadas, la cara amable de un centro derecha, que probablemente es lo que  hubiera necesitado Cataluña en estos momentos. Pero no ha servido de nada, porque tendrá que ejercer su labor en un Parlamento con mayoría soberanista, que intentará, a pesar de todas las promesas, volver a la unilateralidad y el desarrollo del “Procés”. 
Y eso, con un Gobierno que con el fracaso del Partido Popular que ha sacado los mismos escaños y menos votos que la CUP, supone un fracaso sin paliativos que le pasará factura al Presidente del Gobierno, y a su Vicepresidenta que es la que ha llevado de la mano el dossier catalán.  (...)

De forma inesperada, y a pesar de las encuestas, el presidente destituido Carles Puigdemont que huyó para no hacer frente a sus responsabilidades judiciales de lo que, según la Fiscalía General del Estado, ha sido un caso de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos, mientras el vicepresidente Oriol Junqueras entraba en prisión, sigue en ella y le ha llegado a echar en cara al Fugitivo que al final, él esté encarcelado y el huido en la calle, en Bruselas. 

Allí, en la capital de la UE, ha intentando convencer inútilmente a Europa, que sigue siendo Presidente en el exilio de una República catalana, que no ha sido reconocida por nadie, ni existe la posibilidad de que ese reconocimiento se produzca. Sin embargo a pesar del mensaje inútil, su lista en la que no ha intervenido su partido, el PDeCat, ha sido, sin duda, el gran vencedor, aunque la candidata de Ciudadanos Inés Arrimadas haya ganado en votos, y en escaños.

Esta división del independentismo ha sido, según los expertos electorales, uno de los principales factores (aparte de la enorme participación que ha beneficiado a Ciudadanos pero también al independentismo) de que el sabelianismo, incluyendo a la complicada y antisistema CUP, haya vuelto a colocarse en una mayoría absoluta que supone una ruina para Cataluña. 

Lo que significa que los resultados indican que no ha influido en nada el efecto devastador que la Declaración Unilateral de Independencia y el Referéndum ilegal del 1 de Octubre ha hecho a la economía catalana, a su turismo, a sus empresas, y a las inversiones extranjeras.

Ahora, el principal desafío para el nuevo Presidente de la Generalitat y el nuevo Gobierno, que debería ser, después de todo lo que ha pasado en estos dos últimos años y, especialmente desde el 1 de Octubre,  reconciliar a todos los catalanes, cerrar heridas que se han producido entre familiares, vecinos y amigos, por una política que ha fomentado el enfrentamiento e, incluso el odio, y no el entendimiento, será todo lo contrario porque Puigdemont no tiene programa. Su único programa es implementar la República catalana, según ha venido repitiendo desde el exilio.  (...)"                 (José Oneto, República.com, 22/12/17)

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