"Este viernes los medios de comunicación abrirán con titulares destacando
la victoria de Ciudadanos (C’s) –tanto en votos como en escaños– en las
elecciones catalanas. Pero el diablo está, como bien se dice, en los
detalles. No por repetido deja de perder su importancia constatarlo una
vez más: estas elecciones se han celebrado en un contexto político y
social excepcional. (...)
El independentismo ha resistido el lance. El bloque formado por Junts
per Catalunya (JXCAT), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la
Candidatura d’Unitat Popular (CUP) ha obtenido 2.050.955 votos y 70
escaños; el llamado bloque constitucionalista, formado por C’s, el
Partido Popular (PSC) y el PSC, 1.874.263 votos y 57 escaños; y
Catalunya En Comú Podem (CatEnComú) 320.980 votos y ocho escaños. (...)
Con todo, el porcentaje obtenido (47,5%) y el ascenso de los de Albert
Rivera obligan al independentismo a replantearse su estrategia, si no a
ponerse a la defensiva en la cámara frente a un C’s más agresivo que
verá justificada su actitud por los resultados obtenidos. Permanece la
incógnita sobre si podrán ocupar sus escaños los candidatos en prisión o
en Bélgica. (...)
Los dos partidos de izquierda catalanes, la CUP y CatEnComú, salen
malparados de estas elecciones. La CUP pasa de diez a cuatro diputados y
pierde el grupo parlamentario si no alcanza acuerdos con otros
partidos, mientras que CatEnComú se queda con ocho diputados donde
Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP), la coalición que lo precedió, obtuvo
once. (...)
De todos modos, sí que conviene señalar que la CUP no ha
capitalizado, como apuntaban algunos comentaristas, ni los sacrificios
políticos –señaladamente el haber avalado los presupuestos de JxS– ni su
defensa de la unilateralidad y la desobediencia, ni el haber actuado
como “acelerador del proceso” de autodeterminación en el Parlament.
Algunos
militantes comentaban la noche del jueves en privado que el apoyo a los
presupuestos podría haber también pasado factura a la formación. (...)
A pesar de todo, la CUP será con toda probabilidad clave con sus
cuatro diputados en el apoyo a un previsible gobierno de JxCat-ERC.
“Nuestros escaños pueden ser determinantes en momentos clave y los
utilizaremos”, dijo Riera, quien añadió que la izquierda independentista
no se apartará de su programa y exigirá al futuro presidente mantener
el rumbo.
Será, eso sí, con más visión estratégica: Aragonés ya ha
avanzado en varias entrevistas que se tratará de legislar a partir de
la DUI y de crear una realidad a base de hechos consumados que conduzca
finalmente a una independencia efectiva de Cataluña.
Pese a todo, se
trata éste de un camino largo, arduo y con considerables obstáculos,
como ha evidenciado la respuesta de Madrid y Bruselas, y que únicamente
la CUP parece dispuesta a asumir con todas sus consecuencias. (...)
Los titulares sobre Ciudadanos, JxCat o la CUP sirven para enmascarar la
derrota de CatEnComú. Ni el aval de Ada Colau –los resultados de
Catalunya Si Que Es Pot en 2015 se atribuyeron en parte a su ausencia en
la campaña–, ni la marca de En Comú ni la experiencia política y perfil
diplomático de Xavier Domènech han conseguido que los comunes
despegasen en esta ocasión.
La convocatoria tomó al partido en
pleno proceso de formación y los empujó a la palestra en unas elecciones
marcadas por un tema que les resulta incómodo como es la cuestión
nacional. La crisis interna de Podem, que terminó con la dimisión de su
secretario general Albano Dante Fachin, agravó todavía más la situación.
Cat En Comú ha perdido no sólo en el viejo cinturón industrial, sino
incluso en la ciudad de Barcelona.
Ya han señalado otros el fenómeno de desteñido u oxidación del viejo cinturón industrial
–del rojo al naranja– y que fusiona su voto, aunque sus intereses de
clase objetivos no puedan ser más opuestos, con el voto de los barrios
acomodados. El resultado es que Xavier Domènech tiene la llave que
agitaba en los mítines de campaña, pero la llave se ha quedado pequeña y
nadie sabe muy bien qué puerta abre a estas alturas. Como en el caso de
la CUP, se impone la autocrítica.
A la espera de un análisis más
detallado, la subida de Ciudadanos probablemente tenga mucho que ver
con la movilización de un sector de votantes que no lo hizo en 2015,
mientras que el independentismo ha mantenido su capacidad de
movilización pero todavía no ha conseguido ampliar su base social.
Lo
ocurrido en Cataluña no es muy diferente a lo que hemos visto en otros
países de Europa: la socialdemocracia y la nueva izquierda han dejado al
viejo cinturón industrial a la deriva con su gestión de gobierno y
estrategias políticas enfocadas a la representación institucional
respectivamente, sin que haya ninguna otra fuerza de izquierda capaz de
ocupar ese espacio.
Es Ciudadanos –que ha sido el partido que más
ha invertido en publicidad esta campaña– quien ocupa este espacio con un
discurso simple, pero efectivo, allí donde en otro escenario veríamos
seguramente un voto inercial hacia esas mismas fuerzas o un aumento de
la abstención. (...)
El discurso de los comunes, en cambio, no consigue llegar a esa misma
población y presenta todas las señales de las deficiencias que afectan a
la nueva izquierda europea frente al ascendiente populismo de derechas
radical en sus diferentes variantes. En Badalona se arroparon con la
presencia de Owen Jones y Jean-Luc Mélenchon,
además de la aparición sorpresa de Ada Colau, y tuvieron una escasa
asistencia: alrededor de 200 personas. Se impone una reflexión.
Con
los ojos puestos en las próximas semanas: mucho se equivocan quienes
piensen que el independentismo, con su capacidad de movilización y
contestación social, queda enterrado definitivamente el 21-D.
Los
bloques han defendido sus trincheras y ahora todo apunta a un
endurecimiento de las posiciones. Y conviene recordarlo: sobre las
cabezas de todos pende amenazadoramente, como espada de Damocles, la
posibilidad de una recaída en la crisis que podría abrir un nuevo
escenario, también en Cataluña." (Ángel Ferrero, El Salto, 22/12/17)
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