"(...) Cataluña y España son, a principios del siglo XXI, más homogéneas en
su base económica, en su población. Ambas son cada vez más dependientes
del mercado europeo.
Algo que probablemente, aunque la UE desaparezca
en su forma actual, no variará. La historia económica de los últimos 50
años disminuye las diferencias nacionales entre ambas, no las aumenta.
Pero sobre una base económica común (el dominio de las grandes
empresas), el desarrollo es desigual: las naciones del sur europeo se
desindustrializan. Y dentro de estos países algunas regiones se
desindustrializan menos.
En Euskadi y Cataluña, el peso de la industria
en el PIB es mayor que en el resto del estado. [xxxiii] Y con la
crisis, estas contradicciones se intentan resolver con la misma lógica
que funciona en el mercado: egoistamente, a costa del vecino.
Alemania marca la política: salvarse a costa del vecino. Exportar más
que otras naciones/regiones. Aumentar tu mercado, a costa del vecino. No
es pues de extrañar, que los salarios bajen a ritmo acelerado en
Cataluña y en España. Que el gasto social baje en los dos sitios. Que
todas las burguesías hagan recaer la crisis sobre los empleados.
Es la política, que a escala menor, siguen Flandes en Bélgica, el norte
de Italia o Cataluña: regiones ricas, que pretenden deshacerse de
cargas “sociales” más rápido que los estados a los que pertenecen.
Regiones ricas, que pretenden atraer inversiones, basadas en su mayor
presencia industrial, de vías de comunicación… Sobre esa base se
desarrollan los movimientos nacionalistas (NVA en Bélgica, Liga Norte en
Italia, CIU en Cataluña). (...)
El referéndum es dirigido por la élite económica catalana y no tiene
como objetivo resolver un problema democrático, que por otra parte niega
en la cuestión social, pretende fortalecer su cuota de mercado en la
UE, desgravar a las grandes fortunas más que sus vecinos para favorecer
la implantación de empresas en su territorio.
Supone acelerar el fin de
la caja de la seguridad social, en la que aquellos que más tienen
contribuyen más.(...)
Respetar el derecho de los catalanes a decidir su futuro es una cuestión democrática. Pero ignorar que estamos ante una cortina de humo lanzada por la élite económica catalana, un engaño. Si se quiere una soberanía plena, se tiene que logar una soberanía de los mercados financieros.
Socializar las grandes empresas. Y eso no lo va a lograr una Cataluña independiente sin los trabajadores del resto de la península. Eso requerirá la lucha conjunta de los trabajadores de España y Cataluña -con la solidaridad de portugueses, griegos… y franceses-." (Alejo Mancebo, Rebelión, 23/12/2013)
Respetar el derecho de los catalanes a decidir su futuro es una cuestión democrática. Pero ignorar que estamos ante una cortina de humo lanzada por la élite económica catalana, un engaño. Si se quiere una soberanía plena, se tiene que logar una soberanía de los mercados financieros.
Socializar las grandes empresas. Y eso no lo va a lograr una Cataluña independiente sin los trabajadores del resto de la península. Eso requerirá la lucha conjunta de los trabajadores de España y Cataluña -con la solidaridad de portugueses, griegos… y franceses-." (Alejo Mancebo, Rebelión, 23/12/2013)
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