"(...) Los datos muestran el gran declive del bloque independentista
La segunda característica de la abstención es que, a pesar de que aumentó en mayor medida entre los no independentistas que entre los independentistas, el hecho es que estos últimos perdieron también un gran número de votos, representando uno de los mayores retrocesos de este espacio político y, muy en particular, entre el sector heredero del pujolismo.
He explicado en un artículo reciente en qué consiste el pujolismo: es un movimiento político profundamente conservador, con una ideología nacionalista supremacista excluyente, que se considera como la "auténtica Catalunya", menospreciando a las clases trabajadoras no nacidas en Catalunya (ver mi último artículo, El urgente y necesario cambio en Catalunya y en el resto de España, Público, 09.02.21), a las que definen peyorativamente como "charnegos".
Lejos de haber desaparecido, el pujolismo es la ideología dominante en las derechas catalanas, cuyas luchas internas entre distintos sectores del aparato del partido han originado divisiones internas con la aparición de dos versiones principales del pujolismo: una, la visión más moderada del "procés" (el PDeCAT), liderada por Artur Mas, y otra, la rama más radical (JxCat), dirigida por Puigdemont y Torra.
Pero ambas formaciones políticas son en política económica muy liberales, siendo JxCat la que tiene más economistas trumpistas en su lista. El Sr. Canadell, número 3 de la lista de JxCat (presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona), ha alabado explícitamente algunas de las políticas centrales del trumpismo (como ha hecho también Vox).
Puede parecer paradójico que dos partidos a priori tan opuestos en el abanico nacional (JxCat y Vox), compartan propuestas políticas semejantes que perjudicarían a la clase trabajadora catalana. JxCat y el PDxCAT derivan de Convergencia Democrática, que fue, en su día, miembro de la familia liberal europea, junto con Ciudadanos, aunque este último presionó para que se la expulsara de tal grupo, acusándola de partido corrupto, lo cual parece probado por una larga historia de clientelismo a través del cual ejerce una gran influencia en los medios de comunicación de Catalunya, no solo públicos (TV3 y Catalunya Radio) -a los cuales instrumentaliza de manera abusiva-, sino también a los privados a los que ayuda con subsidios importantes.
De hecho, JxCat y el PDeCAT son sucesores del partido pujolista -Convergencia Democrática- que fue el principal aliado del PP cuando gobernaba para aplicar su política fiscal, empresarial, financiera y económica.
Sus recortes del gasto público social han sido los más severos en España, perjudicando los servicios públicos del Estado del Bienestar catalán como sanidad, servicios sociales, educación, servicios de dependencia domiciliarios y residenciales, vivienda, entre otros, aumentando el enorme déficit de gasto público que tienen estos servicios y que ha aparecido con toda claridad durante la pandemia.
El fin de la versión moderada del pujolismo
Esta pérdida significativa de votos refleja un declive muy marcado del pujolismo, que significó su fin, en su versión moderada, el PDeCAT, permaneciendo ahora su versión radical, JxCat. Por lo demás, el largo periodo de gobierno de Convergencia Democrática se debe al apoyo que le dio la democracia cristiana catalana -Unió Democrática-, hoy prácticamente desaparecida, y más recientemente ERC (un partido de centroizquierda) y la CUP (un partido de izquierda), que han antepuesto su objetivo de alcanzar la secesión Catalunya del resto de España sobre todo lo demás, siendo eso causa de su pérdida de voto, más ERC que la CUP (JxCat perdió 380.231 votos, ERC 332.254 y la CUP 6.159). Esta gran pérdida del apoyo popular contrasta con el mensaje mediático triunfalista de que los independentistas han ganado las elecciones y son ahora -por fin- los representantes de la mayoría de la población (al haber obtenido el 51% de votos).
En realidad, el primer posicionamiento que dio a conocer el gobierno independentista de la Generalitat tras las elecciones del domingo pasado fue que el independentismo había ganado las elecciones por primera vez por mayoría del voto popular y, por lo tanto, tenía pleno derecho a exigir la independencia en nombre de la mayoría de la población catalana. Lo que no se dice es que, en realidad, el voto independentista, en su totalidad, ha bajado espectacularmente, pasando de representar el 39,03% del censo electoral en 2017 al 27,07% en 2021. Así pues, solo uno de cada cuatro catalanes ha votado a un partido independentista.
Es más, la ley electoral catalana es, como la española, profundamente sesgada para favorecer a las fuerzas conservadoras, pudiéndose haber hecho una ley electoral propia, Catalunya es la única comunidad autónoma al día de hoy sin una ley electoral propia (por que no ha interesado al pujolismo), de manera tal que si el sistema electoral catalán fuera proporcional (es decir que el número de escaños parlamentarios de los partidos fuese proporcional al numero de votos recibidos), el bloque independentista no habría alcanzado la mayoría parlamentaria que tenia y ahora tendrá.
En el sistema electoral actual (diseñado por el gobierno Pujol), donde el bloque independentista (ERC recibió el 21,30 % del voto, JxCat el 20,04% y la CUP el 6,67%, sumando 48% del voto) no alcanzó la mayoría, se le asignarán a ERC 33 escaños, a JxCat 32 y a la CUP 9, sumando 74 escaños, proveyendo una gran mayoría parlamentaria, 6 escaños más de los necesarios para tener mayoría, aunque los tres partidos que tienen representación parlamentaria no tienen la mayoría del voto popular.
Si el sistema fuera proporcional, la asignación sería diferente y los escaños serían ERC 29, JxCat 27 y CUP 9, sumando 65 escaños (que no llega a la mayoría de 68). En cambio, en casos de establecerse un tripartito de izquierdas (PSC, ERC y ECP), éste, que ya con el sistema actual tendría una mayoría de escaños (PSC 33, ERC 33 y ECP 8, sumando un total de 74 escaños), continuaría teniendo la mayoría en un sistema proporcional (PSC 31, ERC 29 y ECP 9, sumando 69 escaños), al revés del bloque independentista que no lo conseguiría.
Ni que decir tiene que el sistema
proporcional es más representativo y democrático, pero no es el que se
utiliza en la mayoría de los países del sur de Europa, donde las derechas han sido siempre más poderosas que las izquierdas, al revés de lo que ocurre en el norte de Europa donde la democracia está más desarrollada y el Estado de Bienestar está más financiado. (...)" (Vicenç Navarro , Público, 22/01/21)
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