28/11/19

La revolución de la gente cívica

"Quizás porque los lacistas hace tiempo que han perdido los papeles, no pierden ocasión de remarcar que en sus manifestaciones no tiran nada al suelo. Lo recuerdan en cada momento, así que debe ser algo realmente importante, y yo sin saberlo.

 Como suelo hacer entrevistas, me encuentro a menudo con la respuesta que no quiero ni escuchar, y eso que evito preguntar nada que pueda dar pie.

- ¿Saldrán en tercer grado, los presos?

- No lo sé, pero es injusto que estén en prisión, ya que los catalanes, cuando nos manifestamos, no tiramos ni un papel en el suelo.

 Y así estamos. Intuyo que tienen órdenes de repetirlo en todo momento, no sólo los pastores del proceso, sino también el rebaño. Siempre, siempre que sale en una conversación el proceso, las condenas, la independencia o los lazos amarillos, hay alguien que recuerda que en las manifestaciones no se tira ni un papel en el suelo.

 - Has oído que en la acampada de Barcelona violaron una chica?

- Pero no tiraron ningún papel en el suelo.

 Deben haber tenido una educación de colegio religioso. Recuerdo que de pequeño, en los Maristas, nada estaba tan penalizado como tirar un papel al suelo. Sólo se aproximaba el hecho de lanzar un trozo de pan a la papelera, que no sé si a causa del hambre de la posguerra aún cercana, o que el pan simbolizaba el cuerpo de Cristo, sólo estaba permitido hacerlo si antes se le daba un beso a aquel cacho de corteza que aún olía al chorizo ​​que había abrigado, y luego uno se hacía la señal de la cruz. Tanta martingala para tirar un miserable cacho de panecillo de Viena hacía que prefieriera comérmelo incluso sin hambre.

 Pero volvamos a los papeles que no se tiran más al suelo. Quizás son órdenes directas de Waterloo, que cuando no está el senador Matamala que pase la escoba, más que una casa parece una cuadra. De la república, pero cuadra. Las órdenes surgidas de aquella ágora por un problema de salubridad se deben ir extendiendo a toda actividad que tenga que ver con el lacismo. 

 Ahora ya es marca de la casa, más aún que el lazo en la solapa, que es tan fácil de poner que se presta que haya unionistas y traidores que lo lleven, sólo para molestar. Los papeles, no. Cuando un lacista ve otra persona que tira un papel a la papelera, sus miradas se cruzan, sólo una décima de segundo, tiempo suficiente para haberse reconocido, para saber que son del mismo bando.

 Uno puede quemar contenedores, cortar carreteras o estar a punto de matar a un policía de una pedrada en la cabeza, pero lo hará siempre sin tirar ni un papel en el suelo. Quizás sí que tire un cóctel molotov, puede que caigan los cristales rotos de la sede de un partido desafecto al régimen, pero nunca un papel, eso es sagrado.

 Cuando un lacista insulta, golpea y escupe a la gente que va a un acto que el lacismo considere que no se ha de celebrar, puede caer al suelo un escupitajo si la puntería falló, puede caer también sangre de la persona agredida , pero nunca un papel.

 Después de un tsunami de estos que llaman democráticos, la ciudad se levanta deshecha, como si los bárbaros la hubieran tomado. Adoquines arrancadas, coches quemados, incendios en cada esquina, cajeros automáticos destrozados y tiendas asaltadas. Pero ni un papel en el suelo. Los catalanes somos así de civilizados."                    (Albert Soler, Diari de Girona, 21/11/19

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