"(...) En Girona, para unos cuantos, Soler es un héroe anti procés que dice alto y claro lo que muchos piensan pero no se atreven a decir. Para los “llacistes; en castellano, lacistas, por el lazo amarillo” –como identifica en sus artículos a los independentistas- es un botifler (traidor), un “españolista” menos querido que una cirrosis.
Con
unos se hace fotos por la calle , con otros intercambia insultos. Y da
la impresión de que casi ninguno importa a Soler lo más mínimo. Todos son material periodístico y parte de un juego con el que disfruta. (...)
-¿Cómo le va la vida?
-Bien,
tengo empleo, amigos, mujer y cuatro hijos en Girona. A pesar del
procés, mantengo mis hábitos y me divierto, quizás porque a mí me la
suda todo. Pero hay personas que viven dentro del armario político, no
se atreven a decir que no son lacistas.
-¿Miedo al estigma?
-Temen que les llamen españolistas, unionistas y fachas. Todo aquel que no comulga con la fe lacista es
un facha para ellos: los socialistas, los comunistas, los anarquistas
y, por supuesto, los de PP, Ciudadanos y Vox. Girona, una ciudad rica,
es la zona cero del lacismo. A mayor calidad de vida, más oprimidos nos sentimos los catalanes.
-¿Cómo lleva que le insulten en las redes?
-A
mí me encanta que un idiota me llame facha, pero no todo el mundo lo
lleva bien. Un hombre me dijo hace unos días en privado que no me daba like
en Facebook porque le traería problemas en su oficina. Y en la calle
también me divierto mucho. Hay personas que me saludan como si
estuvieran a punto de comprar droga. Y tengo conocidos que fingen no
verme al cruzarnos en una acera.
-¿En qué se fija cuando pasea por Girona?
-Cuanto más rica es una urbanización o población gerundense, más lazos amarillos y estelades hay. A mayor tamaño del chalet y del coche, más estelades.
No falla. La gran paradoja de Cataluña es que los oprimidos son los
ricos. En barrios obreros, no verás tantos lazos amarillos en fachadas y
solapas como en el centro de Girona o en las urbanizaciones.
-Parece una de esas ciudades en que todos se conocen.
-Es
pequeña. En Barcelona, supongo que yo pasaría más desapercibido. Pero
no me afectan casi los reproches. Además, me paran ya más para
felicitarme por mis columnas que para criticarlas.
-¿De qué las alimenta?
-De sátira, que es la única arma de los indefensos contra los poderosos, tal y como dijo mi admirada columnista Molly Ivins. La poesía, que dicen que es un arma cargada de futuro, no sirve para nada… Como mucho, para ligar.
-Recurre al sarcasmo para incomodar más.
-Claro.
Si a esta pandilla de idiotas del procés les dices las cosas con
sarcasmo, les molesta más. A mí sólo me hacen reír, no sé cómo alguien
los tomó en serio y escribió artículos elogiosos sobre ellos. A los lacistas les joden mis columnas porque tengo ocho apellidos catalanes y escribo en catalán mejor que ellos.
-¿Qué opina del papel de la prensa catalana en el procés?
-Ha
tenido mucha culpa en lo que ha pasado. La prensa catalana es culpable
por no haber dudado sobre lo que se nos decía: habrá una República en 18
meses. Dudar es la obligación de los medios. ¿Somos periodistas o no?
Yo dudé cuando empezaron a vendernos el procés. Entiendo que TV3,
la cadena pública del Govern, no lo haga. Pero mucha prensa catalana se
ha tragado las mentiras desde el inicio. Se creyeron todo lo que se nos
dijo. No me entra en la cabeza.
-¿Sin escepticismo, no hay periodismo?
-Es la primera norma. Grandes plumas de este país, como Francesc-Marc Álvaro, se creyeron esa mierda. Pilar Rahola,
dentro de cien años, aún dirá que pronto habrá una República, montará
viajes a Waterloo y seguirá organizando paellas en Cadaquès con los
herederos de Carles Puigdemont. Son los freaks del procés, te tienes que
reír.
-Hábleme, en concreto, de los gerundenses.
-Ramón Cotarelo
vive ahora en Girona. Si ves por la calle a alguien de 70 años que
viste como uno de 15, es Cotarelo. Perdón, que viste y piensa como uno
de 15 años. Ha llegado al otoño de su vida sin ser reconocido. Y, al
creer que está aún a tiempo, ha hecho algo que sabe que gusta en la
Cataluña lacista: que llegue un español, se ponga de su parte y dé palmaditas en la espalda.
-Diga uno más.
-Albano
Dante Fachín. Vivía en la provincia de Girona, tenía una revista muy
crítica con Convergència. Se fue con los comunes pero ahora va de la
mano de Puigdemont, del vivales. Y se enfadó conmigo hace poco porque se le llamó vivales a un vivales.
-Explíquese.
-Según
la RAE, vivales es una persona vividora y desaprensiva. Es una palabra
española rescatada hace poco por mi padre y que aún no está admitida en
lengua catalana. La uso cada dos por tres, y volvió a surgir hace unos
días en una entrevista que hice en campaña a la ahora diputada de
Podemos por Girona Laura López. La usó para definir a Puigdemont, dando a
entender que me lee. Pues menuda se lió. Fachín se ofendió.
-Está usted acostumbrado a ofender.
-Escribo
con la misma libertad con la que comento las cosas con mis amigos en el
bar Cuéllar de Vila-Roja. Soy así. No he creado ningún personaje. Me
tomo la vida así. (...)
-Usted fue al colegio Maristas con Javier Cercas.
-Sí.
Desde los cinco a los 18 años. Cercas es buen escritor y buena persona.
Y, además, ha tenido otra función muy positiva para Cataluña. Ha
servido para descubrir que la gente de la cultureta
de Girona es gilipollas. Los mismos que tanto le hacían la pelota por
ser famoso, ahora le dan la espalda y lo crucifican en las redes por no
ser independentista y escribir artículos contra el procés. Yo sé que él
sospechaba que eran idiotas. (...)
- ¿Podría escribir hoy en 'El Punt Avui'?
-No. Trabajé allí hace años y Puigdemont fue mi jefe. Ahora, me echarían tras mi segunda columna. Diari de Girona
me da misma libertad que a sus columnistas independentistas. En Girona
hay gente que insiste en que me pongan en la calle. Pero yo estoy bien y
no me voy a mover de aquí a mi edad.
-¿Cada cuanto piden su cabeza?
-He
perdido la cuenta. A veces, llegan mensajes de lectores que reclaman
que no me dejen seguir escribiendo en el diario. Con lo fácil que sería
que no me leyeran… Pero los lacistas prefieren que no escriba, que no tenga trabajo.
-Las granadas que lanza generan problemas a su director.
-El senador Josep Maria ‘Jami’ Matamala, amigo íntimo del vivales,
volvió a Girona de su segundo exilio de Waterloo y se encontró un día
por la calle a mi director. El senador le dijo que a ver si dejaba de
publicar los artículos de Albert Soler. Así de sencillo. Y ésta es la
gente quería montar un Estado independiente. (...)
-¿Recibe amenazas?
-La más gorda fue una pintada en la puerta del diario: Albert Soler, vigila tu espalda. Llamé a mi fisioterapeuta para ver si había sido él. Fuera bromas, son unos cobardes, sobre todo en las redes.
-¿Y cara a cara?
-Estaba entrevistando en un bar a Àngel Casas
cuando pasó un conocido empresario de Girona que me gritó: “Soler, eres
un desgraciado”. “Y tú más”, le contesté. Casas se acojonó. Al contarlo
después en Facebook, el empresario contestó que le gustaría cogerme a
solas en un ascensor. En un as-cen-sor. Bah, ni amenazar saben estos
idiotas. (...)
-Defina el procés.
-Una
gran farsa que ha ilusionado a una masa de catalanes idiotas que se han
creído un intento de revolución de las clases altas, promovida por las
personas que mejor viven en Europa, al negarse a compartir su dinero con
Extremadura y Andalucía.
-No cabe en un titular.
-El procés ha sido la revolución de los ricos de Sant Cugat del Vallès. Ricos que quieren seguir viviendo bien.
-El título de su nuevo libro hace referencia a lo contrario.
-Los catalanes nos cansamos de vivir bien. Se lo oí decir a un pescador gerundense. Es una frase que define a los lacistas. Llamarles lacistas
me gusta porque los ridiculiza. Les jode que les diga algo así alguien
que tiene bisabuelos catalanes, como es mi caso. Disfruto
ridiculizándolos. Es como si les pellizcara los huevos. (...)
-¿Contra el procés se escribe mejor?
-Es un tema inagotable. El otro día, Lluís Llach
actuó en una autopista cortada por los CDR. Yo le admiraba como músico.
¿Y sabe una cosa? No he encontrado aún a nadie que hable bien de Llach.
He encontrado personas que me hablan bien incluso de Puigdemont. Pero
de Llach, ni una. (...)"
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