"El virrey de Cataluña ha amenazado con denunciar a todo aquel que le
llame nazi. Esperemos que lo haga pagando de su bolsillo, porque si no
el dinero que quiere dedicar al DiploCat se lo gastará en abogados.
Sería paradójico que un supremacista se ofenda por
acusarle de supremacista. Pero no quiero perder el tiempo en describir y
denunciar su ideología de todos conocida y que ha quedado
suficientemente expresada en sus propios escritos. Para eso recomiendo
la lectura del artículo del periodista alemán Paul Ingendaay traducido y publicado en Crónica Popular. (...)
Desde la revolución francesa el conflicto
socio-económico y político se ha centrado en el conflicto
Capital-Trabajo, entre acumulación y distribución de la riqueza. Dicho
conflicto principal se ha visto afectado a lo largo de la historia por
otro disfrazado de un cariz identitario, el de los nacionalismos. Los
conflictos nacionalistas siempre se han generado, aparentemente, por
situaciones de agresión a tradiciones, lengua, cultura.
Pero
invariablemente, detrás de todo ello siempre han existido, más o menos
disimulados, intereses de burguesías descontentas con el reparto del
pastel económico.
En los conflictos nacionales siempre han salido
perdiendo las clases trabajadoras, independientemente de que el
nacionalismo vencedor sea el propio. Por otro lado, la izquierda
política siempre ha tenido problemas para situarse en dicho conflicto.
Un conflicto que siempre la debilita, dado su maniqueísmo, especialmente
en España, a la hora de posicionarse.
Durante la Transición la izquierda dio verosimilitud
de progresismo a un nacionalismo que hasta hacía bien poco apoyaba al
dictador. Confundió y convirtió la lucha contra el franquismo en un
antiespañolismo visceral y regaló la idea de España a la derecha.
En Cataluña, y por extensión en toda España, por
suerte, el conflicto pretendidamente de identidades -catalanismo frente a
españolismo-, no se ha consolidado, a pesar de los largos años de
asimilación identitaria vía escuela y medios de comunicación públicos y
privados y la ingente cantidad de dineros públicos que el nacionalismo
catalán le ha dedicado. Hablamos de conflicto entre constitucionalismo y
secesionismo; y eso, en sí mismo, es una victoria.
El secesionismo se rearma y el constitucionalismo se resquebraja.
Si existiera una izquierda comprometida con la
integridad de España y la igualdad de sus ciudadanos, el
nacional-secesionismo tendría las horas contadas.
Pero el constitucionalismo en España es débil por los
propios complejos de la izquierda. La Constitución del 78 es hija de la
izquierda y parece haber adjurado de ella. Ciertamente, se puede ser
constitucionalista y proponer un cambio constitucional. Conocí a Anguita
cuando reclamaba el cumplimiento de la Constitución del 78; hoy, su
discurso se diluye en el de Pablo Iglesias, en una frontalidad
rompedora, no ya de la Constitución del 78, sino del constitucionalismo
y, por tanto, de España.
Nunca habrá república de trabajadores en España si
esta no existe. El problema de España con el nacionalismo es que no
aprende de su historia. En otros artículos he apostado por el fin de la
conllevanza orteguiana con el nacionalismo, bien porque se ha convertido
en un “dejar hacer”, según explica Ignacio García de Leániz en su
artículo: El error de la ‘conllevanza’ catalana, bien porque la conllevanza exigía una reciprocidad del catalanismo que no se ha dado, mejor dicho se ha traicionado. (...)
Se puede considerar patológico que todo nuevo gobierno de España se
lance a dicha conllevanza pretendiendo darle una novedosa impronta que
finalmente siempre fracasa. Lo hizo Felipe González cuando “impidió” que
Pujol fuera juzgado por el caso Banca Catalana. (...)
Pedro Sánchez prueba nueva fórmula para resolver el nacional-catalanismo y vuelve a caer en una conllevanza no recíproca. (...)
Resumiendo
Lo más preocupante es, por un lado, que cuando Torra
quede amortizado, el nacional-secesionismo seguirá poniendo en cuestión
la integridad de España y, por otro, que Pedro Sánchez, desde la
cortedad de miras habitual de los gobiernos españoles, se dejará
asesorar por un nuevo lobby de intelectuales de la catalanidad
–parece que no radicales, pero catalanistas- que, como siempre,
esgrimen a necesidad de incrementar el autogobierno –otro meme
inaceptable-, que no es otra cosa que aumentar privilegios y generar
desigualdad.
¿Para cuando se nos tendrá en cuenta a los no nacionalistas
–no catalanistas-, charnegos, vamos, para cuando? ¡Somos mayoría
social, no lo olvide Sr. Sánchez!
Pero lo cierto es que si existiera una izquierda
comprometida con la integridad de España y la igualdad de sus
ciudadanos, el nacional-secesionismo tendría las horas contadas.
Y ahí estamos, ¡esperando a que llueva!" (Vicente Serrano es Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas. Rebelión, 26/06/18)
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