"El prestigio del derecho a la xenofobia es uno de los
grandes lastres políticos de este mundo.
Ni siquiera en su origen, como
rescate del colonialismo, el derecho a la autodeterminación -así se le
llama en lenguaje correcto-, y su inevitable consecuencia segregadora,
fue la buena solución.
Mejor habría sido la democracia. La
autodeterminación invoca siempre, por más conchas de galápago con que
quiera cubrirse, el inmoral apriorismo nacionalista: yo llegué aquí
antes que tú y por lo tanto tengo más derechos que tú. Aparte de algún
caso marginal la autodeterminación no la recoge ninguna constitución del
mundo.
Pero visto lo visto no parece suficiente. El derecho a la autodeterminación debería estar prohibido
en las constituciones democráticas. Y de una manera que no puede ser
poética o telúrica. Ninguna constitución debería apelar a la
indivisibilidad de la nación que vertebra como si los ciudadanos no
estuvieran en condiciones de poder desmentir un supuesto destino
inexorable de la Historia.
Cualquier nación, como cualquier cosa,
incluido el átomo, es divisible. Basta que sus ciudadanos lo quieran. No
hay España sin españoles y los españoles son solo los españoles vivos.
De ahí que una constitución (y ya ven que me apunto, ¡por fin!, a su
reforma) debería prohibir cualquier política secesionista
que no incluyera el acuerdo de todos los ciudadanos que firmaron en su
día el pacto constitucional.
Sería difícil vencer las dificultades
prácticas para emprender una reforma generalizada de las constituciones
europeas; pero menos descabellado sería el estudio de una directiva
comunitaria que planteara esta posibilidad.
Una broma maliciosa de un grupo de catalanes reivindica que
una parte de Cataluña se secesione del todo. Los resultados electorales,
que trazan una línea vigorosa entre la Cataluña rural y la urbana, ha
ayudado a la verosimilitud de la iniciativa.
La broma tiene bastantes
virtudes pedagógicas, pero hay una que destaca sobre las demás: la dificultad de detener el mecanismo autodeterminista
cuando se pone en marcha. Uno de los primeros problemas con los que se
encontraría esta Tabarnia nacida de la antigua Cataluña sería la
cantidad de renegados que inmediatamente surgirían y la temible
posibilidad de que se hicieran fuertes en una parte del territorio.
Las
personas religiosas identifican la muerte con ese momento exaltante,
falso y putrefacto en que el alma se autodetermina del cuerpo." (Arcadi Espada, 28/12/17)
No hay comentarios:
Publicar un comentario