"(...) Artur Mas, cuya intervención ante las cámaras de TV3 en el mensaje de
fin de año parecía la de un político con diez años menos y dos kilos
más.
En general, son más interesantes las intervenciones plásticas de las
mujeres, pero el fenómeno, con otras características, también es propio
de los varones. Si a Jorge Javier Vázquez le diera por repasar el nuevo look
de Mas encontraría al menos siete diferencias con respecto al hombre
que balbuceaba en el Parlamento autonómico sobre los espías propios.
Tupé algo más chafado, canas cero (desaparecidas en combate), mayor
elasticidad en las expresiones faciales, menos arrugas, párpados
deshinchados, cejas perfiladas, etc, etc. Niquelao, un punto redondito
de cara. En el caso de los varones, tampoco hace falta rajarse la piel
tras las orejas para darse un repaso.
A lo mejor influye también el aparente buen rollo que intenta
transmitir de cuatro días acá, después de ponerse wagneriano ante la
tumba de Macià y en el Palau de la Música. Los cuatro diarios editados
en Barcelona lo asoman a la portada con los dos argumentos de fuerza:
Déjennos votar y seremos aliados.
La Vanguardia opta por un titular entre conciliador e informativo: "Mas pide la consulta, pero admite que provoca división". En El Periódico encabezan con un entrecomillado: "Mas: 'Que el Estado no nos vea como un enemigo'". En El Punt Avui: "Que se nos deje votar". En Ara
"Mas: 'Pido al Estado que no levante muros'".
En la coctelería
Cataluña, nada es previsible, pero el último discurso de Mas antes del
año de la independencia (o no) tiene pocos flecos sobre los que sostener
una noticia. Es más de valoración, de humor político, de lectura
estética, de corbata gris y gafas montadas al aire, antireflejos, por
supuesto. (...)" (Pablo Planas, Cronica Global, Martes, 31 de diciembre de 2013)
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