"Será por la proximidad de ambos sucesos, pero ante la reivindicación
independentista de la Diada y las frustradas reclamaciones de un pacto
fiscal por parte del presidente Mas resulta inevitable la comparación
con la actitud de Bernard Arnault en Francia, que tanto escándalo
popular ha suscitado allí.
El multimillonario dueño de la marca Louis
Vuitton acudió al Elíseo para pedir un trato fiscal especial frente a la
anunciada subida de impuestos para las grandes fortunas, proclamando su
especialmente alta contribución a la riqueza del Estado.
Como en esa
gestión por lo visto no se le concedió ningún privilegio, hizo pública
su determinación de renunciar a la nacionalidad francesa y adoptar la
belga. Vamos, que opta por independizarse del que ha sido hasta entonces
su país para castigarle por el maltrato a sus intereses económicos…
Por muchas que sean las diferencias entre la actitud del individuo
francés y el colectivo catalán, también resultan obvios los parecidos.
En especial, el de someter a motivaciones pecuniarias la pertenencia o
el abandono de la nacionalidad. Desde luego, en el estallido
independentista ocurrido en Cataluña intervienen otros ingredientes
ideológicos, que han estado hirviendo a fuego más o menos lento a lo
largo de los últimos años.
Para empezar, la apelación a un sentimiento
idiosincrásico y victimista opuesto a la marca España, que culpa al
sometimiento al Estado de los numerosos errores administrativos, abusos y
despilfarros que han llevado al debilitamiento económico de la
habitualmente pujante comunidad catalana.
La culpa de esos déficits no
la tienen, según la coartada nacionalista, quienes han gobernado desde
comienzos de la democracia la autonomía sino quienes desde el Gobierno
estatal les han recordado las obligaciones solidarias que impone la
pertenencia a un colectivo del que evidentemente también han obtenido
pingües ventajas. Es una deformación casi grosera de la realidad, pero
que cae en un terreno abonado por años de propaganda entre ofendida y
arrogante tanto mediática como educativa. (...)
Algún día se escribirá la historia de cómo el descentralizado y
complaciente Estado de las autonomías terminó pervertido en un
insostenible Estado de los nacionalismos. Tratando de apaciguar a los
disgregadores y restarles argumentos, aceleró la disgregación y
deslegitimó las instituciones que podrían contrarrestarla. Es cosa
especialmente patente en algunos campos, por ejemplo en la educación. (...)
Lo más grave, a mi juicio, es que ni los separatistas ni quienes se les
oponen resaltan que lo que se está proponiendo es una automutilación: es
decir, que los catalanes independientes renunciarían a gran parte del
país que ahora es suyo y del que son cogobernantes por medio de sus
votos.
Y, de igual modo, se privaría al resto de españoles de una parte
esencial del Estado nacional del que son ciudadanos. Se ha dicho en
otros contextos que lo pequeño es hermoso pero a nadie he escuchado que
automutilarse sea engrandecedor…" (Fernando Savater, EL CORREO, 30/9/12, en fundación para la Libertad, 30/09/2012)
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